Y el
primer día se habrá transmutado a la primera tarde a la intemperie, como la primera tarde a la primera noche, y al segundo día, sin que a
nadie le interese la desgracia ajena esa desgracia que viene arropada de
bienestar de andar con cosas que sobran, despreciando lo que se tiene, lo que
se tuvo, desgracia la propia porque tal vez cualquiera o todos andan con su
propia desgracia y no quieren otra, con la propia basta y sobra, y el primer
día tiene que haber parecido normal estar en ese cielo abierto en ese patio
grande de la urbe donde deambulan fantasmas de carne y hueso que parecen ir y
venir con sus vidas resueltas, tiene que parecer normal no tener adónde ir y
entonces quedarse por ahí, encontrarse así de golpe sentado en un banco
cualquiera de una plaza cualquiera de una ciudad cualquiera, exiliado por el
momento de los problemas que aquejan, lejos de los problemas pero no cerca de
las soluciones, porque hay problemas que no tienen soluciones como hay
soluciones que no se corresponden con el problema, y todos los problemas y
todas las soluciones pasan por el dinero que falta por el hambre que sobra, por
el empacho que empalaga, por la imposibilidad de tener un peso en el bolsillo y
la inmovilidad de darse vueltas para juntarlo, pasan por despelotes de cuernos
y corneadas, de hijos sublevados o de
hijos tan sumisos que necesitan psicólogo, escuchando que para qué tener hijos
si no se hace nada para criarlos, y el primer día se habrá cambiado a la
primera tarde de batidas, de patrulleros que andan con canas que se quejan de
estas cosas, pero miran para otro lado, de reconocimientos a nueva esa casa que
no se conoce, que es la casa de todos pero también la casa de nadie, una nueva
vivienda a la que se llega como se llega siempre a los lugares, reconociendo,
mirando el mobiliario, los tipos que la transitan que los habrá de toda laya, y
el primer día después del mediodía se habrá convertido en la primera tarde
antes de la primera noche a cielo abierto, recostado en algún cantero
descuidado de una plaza cualquiera de una ciudad cualquiera convencido que si
se tiene familia no se puede estar solo en este mundo, pero que bueno.
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