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Sunday, May 18, 2014

Tea rima tiento.



Cuando veía que me acomodaba en la vieja y desmantelada reposera de mimbre al costado de la añosa higuera de su patio viejo con aljibe y todo, las palabras brotaban masculladas y monótonas, amontonándose en sus labios finos y resecos, que aparecían como un tajo tosco en su cara avejentada debajo de una hilera muy bien marcada de los pelitos de sus bigotes recortados al milímetro, vestigios entrados en desgracias de sus gracias de otras épocas, retoñaban las palabras como si con cada una de ella reflotaran los momentos anteriores, antes mucho antes que entrara al túnel del olvido, pero así, sin escándalos ni voces de alterados, comenzaba con sus relatos, como el de la tarde cuando contó que él fue comisario en la viña moderna que contaba con alumbrado callejero de tea, un poblado grande con una aparcería importante de corrales de mulas en postas por donde unos pocos años antes habían pasado caudillos como Güemes peleándoles a los godos en las montoneras, y se remontaba a sus galaxias el hombre sin futuro, tranquilo en su presente sin mañanas posibles en su propio magma, después de haber andado tanto tiempo en esta, el hombre apaciguado con su pasado aunque no reconciliado, aclaraba con su tiento como siempre, porque se habrá equivocado como cualquiera, pero que de eso se hacía totalmente cargo, se acomodaba en su hamaca dormitando en esos sueños de otros tiempos que para él, habrán sido mejores.

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