Pages

Wednesday, May 21, 2014

Sueños rima mamas.



Con los de carne y hueso se acordaba de todo con los otros no se acordaba de nada, el cerebro le funcionaba una veces y otras veces ni le funcionaba de tan descerebrado que quedaba hasta que despertaba en algún corral o el catre de un comedido, con el tiempo el mozo fue aprendiendo que en las horas de servicio lo mejor era andar con la cabeza despejada, que de eso había que acordarse y de todo, porque después de los procedimientos venían las actas manuscritas de los hechos y los jefes y los jueces de paz jodían con todos los detalles, que hay que acordarse de todo porque con la taba que se jugaba cada vez que había que arrear con borrachos y cuatreros y meretrices y bataclanas, cada vez que había que intervenir en esos entreveros donde los bandidos eran más que los policías, los malos más que los buenos, era mejor no andar chupando ni un poquito para vivir más veces de todas las que quedaban medio muertos, porque los maulas se ponían como locos y ahí nomás desenvainaban los facones, o los trabucos de entremedio de los ponchos, y le abrían el pecho a cualquiera de las autoridades peleando como bestias cuando las están faenando y por ahí no quedaban vivitos y coleando como para contarlo, por eso cada vez que empezaba con las aventuras se acordaba de todos los detalles que los sumariantes agradecían porque no tenían que inventar nada y entonces no tenían líos ni con las autoridades ni con los otros, de uno por uno de los momentos en los cruces de palos, trompadas y empujones, que algunas veces terminaban con la vida de alguno, y así despejado evitaba que fuera la suya, por lo menos en las horas de servicio, porque en los francos era otra cosa, y las peleas también eran otra cosa no solamente con los bandoleros sino también contra todos los fantasmas y la almitas que aparecían con motivo de esas libaciones de aguardiente que duraban horas enteras y a veces hasta días, con los paisanos amigos en las pulperías de los amigos, donde no faltaban enemigos o amigos desconociéndose en las alucinaciones de las mamadas, en un halo por donde pasaban también el familiar de los ingenios cercanos, el duendecito de los montes, o la salamandra que era como un dragón grande soplando fuego por la boca, que se le aparecía a los trabajadores de las minas también cercanas que, a diferencia de los bandidos, se trenzaban sin derramamientos de sangre ni amputaciones de miembros que amenazaran la propia existencia, aunque de estos entreveros no se acordaba de nada, solo que se encontraba con el mismo diablo y se moría varias veces más veces de las que vivía, porque tanto se chupaba que se le borraban los recuerdos.

No comments:

Post a Comment