La instrucción más clara que tuvo
el mayor de las arenas cuando llegó ese lunes a la madrugada al ingenio, era la
de desmantelar los cuatro o cinco bailes de carnaval, que como el de boca que
hasta ese momento había en el pueblo, eran los más concurridos, para enderezar
a estos paganos apóstatas con los que se cruzó en el camino de entrada, unos
para sus casas otros para sus casas, pedaleando y zigzagueando en bicicletas,
en unos casos por el sueño en otros caso por la borrachera, pecadores o qué
serán, que entran en la cuaresma y si se los deja llegan hasta semana santa
adorando al momo, cuando deberían estar con recogimientos agradecer que tienen
fuentes de trabajo que mantienen los dueños del ingenio y ellos que salen en
pedo y entran a los turnos así como salen de los bailes, babeando y
tambaleándose, esa estuvo entre las primeras instrucciones pero no de las más
graves, porque trajo en los bolsillos de sus pantalones de fajina, una lista de
la diez personas más importantes que tenía que detener por averiguación de
antecedentes.

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