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Friday, May 30, 2014

Malarias rima venturas.



Cuando pasaban las malarias los payasos, mágicamente, se hacían vendedores de manzanas bañadas en caramelos, que multiplicaban de golpe, una especie de cientos de pequeños e inquietos vampiros entre los niños que molestaban más que miraban, en otros cientos de aureolas rojas como sangre bordeando sus labios, cuando pasaban las malarias y en los intervalos que marcaban los pasos de unos espectáculos a otros, algunos de ellos se sacaban los zapatos enormes y esos disfraces rayados y multicolores sus narices coloradas, y a cara limpia, encaraban esas ventas que reforzaban los ingresos colocándose unos delantales impresos con el nombre de la compañía, y una correas que bajando desde sus hombros, sostenían unos cajones rectangulares donde llevaban además de las manzanas, chupetines en paletas de muchos colores concéntricos, chupetines con la forma de pinitos de tres colores, cajitas de maní con chocolate y unos chocolates con rellenos de menta, algunos trapecistas también, escondidos en otros uniformes parecidos, también hacían de vendedores del cotillón  del circo, que en pocos minutos sembraba las plateas y el gallinero, de gorritos de colores, de globos con brillantinas, de serpentinas y de remeras que eran lo más caro, con figuras y las leyendas recuerdos del circo, y los malabarista haciendo de las suyas, se turnaban y recorrían los pasillos de las gradas con máquinas de fotos que algunos otros revelarían en algunos rincones de un carpa, en unos minutos después, cuando se pasaban las malarias todos se volvían unos chismosos criticando al gordo del gerente que podría haber ahorrado en los tiempos de abundancia para no hacerlos trabajar horas extras, lo que no se convierte en alabanzas cuando no laburan, después de los tiempos de las escaseces para parar la olla.

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