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Thursday, May 15, 2014

Beta rima psi.



Había un tema que iba y volvía en las historias de Liborionauta, aunque todas las veces bajo la forma de complicadas tramas delictivas cruentas, de asesinatos o cuatrerismos pesados, cargadas de suspensos y finales confusos y además inconclusos que dejaban abiertos los laberintos de la imaginación de quien escuchaba que en ese caso era yo solo, y ese tema era que en sus historias le gustaba hacer aparecer a las conspiraciones y a los propios conspiradores como socios en las gracia más que como socios en las desgracias, él insistía con esos costados de las historias donde se detenía a describir contubernios, de patroncitos de estancias con frailes comedidos que llegaban a las fincas a administrar los sacramentos al por mayor incluidas las extremaunciones cuando los fallecimientos coincidían con las semanas o los días que estos peregrinos se quedaban asistiendo a sus ovejas, comerciantes con prostitutas envenenadas por la sífilis muriéndose en hospitales públicos con salas antisépticas, él insistía con perderse esos tiempos inmensos en esas descripciones por el lado de la conveniencia de los que pergeñaban los acuerdos más que por el lado de los medulosos razonamientos que también supongo se requerirían, para describir la parte que él, descontando su experiencia de muchos años de comisario en el mismísimo chicoana, con seguridad conocía, la de los trámites lentos y por entonces efectivos de contar las asociaciones en las desgracias, que es lo más común, a todo esto, mientras yo le sacaba todos los provechos a mi negocio, que era empanzurrarme con esos higos hinchados y carnosos que partía con las uñas de mis dedos gordos y que por mitades me desbordaban la boca y otras sensaciones en esa mezcla de acritud y dulce que se desprende de ese símil de la carne roja y blanca, jugos que pican en la lengua mientras se degustan, supongo, los mejores manjares, además de tirar una líneas en unas hojas sucias con un lápiz pegajoso por los mismos motivos de la mugre de comer mientras charlaba, donde pretendía que registraba todo lo que él me decía, a todos esto, mientras él, habrá tenido su propio negocio, porque era como que se encendía recordando, como si cobrara bríos y energía, Liborionauta, allá, por esos días donde nuestras constelaciones se encontraron en la que yo viajaba que era la de beta, la de él o en la que él viajaba que entonces era de la psi.


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