Como en el dominó, donde siempre
una de las mitades de cada una de esas fichas rectangulares, tiene una mitad
equivalente en otra ficha, sea de la mano o sea del pozo que se recicla hasta
que se gana o se pierde, como en el dominó, mezclando habilidad con trampa con
picardía con cinismo con competitividad, rezando para que alguno de los dos
extremos que marcan los que viene de los que es, sea la punta de una venturas nueva
de un porvenir que se va consolidando según la contabilidad que llevan esos
hijos, tan prolijos para contar la fortuna familiar, así va cumpliendo el
carancho jefe de personal las instrucciones de los inmejorables patrones los
dueños de este imperios que hace dos generaciones el caballero W timbeó en un
lujoso salón del Jockey Club de la aldea mayor, teletipos con mensajes
comprimidos, palabras con un diccionario guardado a cualquiera, palabras que no
representan lo que el común de la gente cree que representan, como juegos que
en realidad son fuegos porque cada decisión significa elegir entre la vida y la
muerte de los que figuran en las listas negras.

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