Épocas de oro eran, por eso al
comandante del operativo sol de noche que reportaba con las fuerzas en
servicios y los civiles que le asignaba el mismísimo carancho, se animó a
pedirle esa changuita de asistente del técnico que contrataron en rosario, para
que el atlético pudiera entrar a la primera a que era una forma de descomprimir
con los negros los primeros días del proceso de reorganización nacional, cuando
legiones de detenidos entraban sin salir por averiguación de antecedentes pero
estos son todos así el decía, les da fútbol y se olvidan hasta de la madre, y
así se animó a decirle al carancho que le diera la changuita de oficiar de
ayudante así podía construir la casita porque con el sueldo de gendarme no le
alcanzaba y el otro lo asintió, el mismo día que fue el operativo más
importante, épocas de oro eran por eso el carancho le dobló la apuesta y le
prometió que si todo salía sin inconvenientes podía contar no solamente con el
puesto sino también con el doble de salario, y se quedo tarareando aquellos
ojos verdes emulando la versión de Nat King Col, épocas de oro eran y entonces
Keiruz se rajó al sindicato a buscar al carancho que silbaba a las nueve de la
noche como si nada con sus patas encima de un escritorio que apenas ocupaba
como eso, porque el siempre decía que los pingos se ven en las pistas de
carreras que ahí es donde se ven los caballos cuál es el que tiene más polenta
y sus pistas eran los estrados donde les hablaba a sus obreros y empleados,
silbando el jangadero que le encantaba con eso de la remar aunque fuera contra
la corriente, sol y luna piedra y agua, y de remar, con la vida por allá de
donde él venía en el límite del jardín de la república con el chaco salteño,
para allá se fue el comandante a retirar las listas negras de la noche más
negra de todas las noches negras como si un manto o muchos mantos hubieran
tapado las claridades, como si fuera a propósito, como a las cinco horas de
eso, cuando trasladaban al carancho que era el pez más gordo que pescaron en el
operativo se dio cuenta que triste el otro cantaba como susurrando paisaje de
Catamarca, y le dijo a sus colaboradores que en música, sobre gustos no hay
nada escrito.

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