Un señorito para algunas cosas el
carancho es un puerco para otras cosas especialmente cuando se trata de mujeres
que le gustan todas, marchantas o sirvientas, casadas o solteras, se pasa horas
frente al espejo en el baño y adonde se encuentre alguno en cualquier momento
aunque esté a tiempo completo con las cosas de la oficina, es un dandi el
carancho para algunas de sus cosas y le gustan todas, turcas o criollas,
gringas o morochas, culonas o tetonas, y el hace un uso de eso de ser el jefe y
de ellas hace un uso bastante considerable, aprovechando que además de jefe de
personal es el tipo de más confianza del ingeniero, el oreja del ingeniero,
señorito para sus acicalamientos, calcula que todas, un poco antes un poco
después le caen al escritorio a llorar sus cuitas, a pedir por ellas a pedir
por una comadre o por un compadre, a sacar provecho de los viajes que los
vehículos del ingenio hacen dos veces al día, ida y vuelta cuando son rutinas
varias idas y varias vueltas cuando hay que arreglar entuertos con los del
sindicato en la ciudad donde están los tribunales, de prolijo y jodido que es
la tiene loca a la gorda con el lavado a mano de la ropa, para que le diga a
las muchachas que se esmeren que para eso se les pagan, con el lavado primero y
el almidón después que le pide que le ponga a sus camisas de hilo, lo mismo con
los pantalones de poplin que igual que las camisas es lo que más usa, aun con
todas esas charreteras como autoridad y funcionario, el carancho hace vuelos
rasantes para ver si pesca con sus garras lo que venga, de todas las que estén
dispuestas eso sí, porque en las rondas secretas con los amigos el se
vanagloria que no las obliga, que si ellas se bajan los lienzos lo hacen por
voluntad propia después que él se lo propone.

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