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Saturday, March 08, 2014

Sumas riman restas.


En la zafra del sesenta el carancho Luis se cansó de ver morir coyas de paludismo y de tuberculosis, en ese hospital de la empresa que más parecía un hotel para algunos y un infierno para otros pobres infelices, de esas enfermedades y también de otras enfermedades menos cruentas pero igualmente mortales relacionadas de una u otra forma con las condiciones de hacinamiento y suciedad a las que los condenaban los patrones insensibles aunque cuando llegaban les entregaran colchones y frazadas y almohadas y otros enseres y otros pertrechos. todas a su cargo con vale como una demostración que los trataban como personas como un reconocimiento que los patrones los consideraban personas, coyas grandes adultos por falta de atención, coyas viejos y coyitas varones y mujeres, que unas veces se quedaban sentaditos en los tablones que se les ponían para esperar a los dos únicos doctores que se ordenaban para ellos, mientras había una chorrera de ellos que atendían a empleados y a jefes y a supervisores, ahí se quedaban desmayados y debilitados con fiebres impresionantes, churrateras, vómitos, se cansó el carancho de ver coyas que morían dos o tres por día en el mismo ingenio o en algunos de los lotes o en los viajes en camioneta o camiones cuando los llevaban al hospital, deshidratados a las arcadas los coyas se morían como regueros de pólvora en serie y el carancho se desesperaba, porque se cansó también de ver en la farmacia donde lo dejaban entrar como médico que era, los remedios para que no se murieran, amontonados como iban quedando amontonados los cadáveres de los coyas en la morgue hasta que los parientes compungidos los retiraban, en la zafra del sesenta el carancho Luis se cansó de ver listas enteras de los inspectores del ingenio que junto a capataces registraban los decesos en listados de personal seguramente para después dar de baja los legajos en las oficinas de personal, listas en la que cada deceso era una línea horizontal que se tachaba, una persona, como si se tapara una palabra de una lista de mercado, se cansó de ver esas restas con los zafreros y de andar calculando los remedios que seguro que hubieran alcanzado para todos pero que los jefes no autorizaban para que se los dieran a los coyas, se cansó de ver esos cuadros y de decir que en vez de esas restas se podrían sumar esos remedios para que ellos estuvieran mejor, aprovecharlos antes de descartarlos en los casos en los que eran descartables, se cansó el carancho aunque veía todos eso desde lejos, porque el como clínico estaba puesto para los otros, para los pacientes que tenían atención por ordenes de las jerarquías, se canso el carancho y el día menos pensado los mandó a la mierda, justo un poco antes que los patrones estuvieran considerando lo mismo, y le comunicaran que habían decidido correrlo por sus ideas comunistas.


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