En la zafra del sesenta el
carancho Luis se cansó de ver morir coyas de paludismo y de tuberculosis, en
ese hospital de la empresa que más parecía un hotel para algunos y un infierno
para otros pobres infelices, de esas enfermedades y también de otras
enfermedades menos cruentas pero igualmente mortales relacionadas de una u otra
forma con las condiciones de hacinamiento y suciedad a las que los condenaban
los patrones insensibles aunque cuando llegaban les entregaran colchones y
frazadas y almohadas y otros enseres y otros pertrechos. todas a su cargo con
vale como una demostración que los trataban como personas como un
reconocimiento que los patrones los consideraban personas, coyas grandes
adultos por falta de atención, coyas viejos y coyitas varones y mujeres, que
unas veces se quedaban sentaditos en los tablones que se les ponían para
esperar a los dos únicos doctores que se ordenaban para ellos, mientras había
una chorrera de ellos que atendían a empleados y a jefes y a supervisores, ahí
se quedaban desmayados y debilitados con fiebres impresionantes, churrateras,
vómitos, se cansó el carancho de ver coyas que morían dos o tres por día en el
mismo ingenio o en algunos de los lotes o en los viajes en camioneta o camiones
cuando los llevaban al hospital, deshidratados a las arcadas los coyas se
morían como regueros de pólvora en serie y el carancho se desesperaba, porque
se cansó también de ver en la farmacia donde lo dejaban entrar como médico que
era, los remedios para que no se murieran, amontonados como iban quedando
amontonados los cadáveres de los coyas en la morgue hasta que los parientes
compungidos los retiraban, en la zafra del sesenta el carancho Luis se cansó de
ver listas enteras de los inspectores del ingenio que junto a capataces
registraban los decesos en listados de personal seguramente para después dar de
baja los legajos en las oficinas de personal, listas en la que cada deceso era
una línea horizontal que se tachaba, una persona, como si se tapara una palabra
de una lista de mercado, se cansó de ver esas restas con los zafreros y de
andar calculando los remedios que seguro que hubieran alcanzado para todos pero
que los jefes no autorizaban para que se los dieran a los coyas, se cansó de
ver esos cuadros y de decir que en vez de esas restas se podrían sumar esos
remedios para que ellos estuvieran mejor, aprovecharlos antes de descartarlos
en los casos en los que eran descartables, se cansó el carancho aunque veía
todos eso desde lejos, porque el como clínico estaba puesto para los otros,
para los pacientes que tenían atención por ordenes de las jerarquías, se canso
el carancho y el día menos pensado los mandó a la mierda, justo un poco antes
que los patrones estuvieran considerando lo mismo, y le comunicaran que habían
decidido correrlo por sus ideas comunistas.

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