En las campañas importan los
cotillones, las vinchas multicolores, las banderitas para saludar de lejos al
candidato, el candidato, los pasacalles, las cumbias que se escuchan fuerte por
los potentes parlantes, en las campañas interesan los choripanes y el chupe a
cualquier hora del día, para hidratarse para deshidratarse, y después, decirles
lo que quieren oír, entonarles las melodías que las multitudes están esperando
que les lleguen que tienen que ver con sus sueños con sus aspiraciones y casi
nunca con sus realidades, escuchar antes que hablar, quedarse callados para que
las palabras de los que se amontonan en las manifestaciones en las plazas en
los actos fluyan nada más, aunque sean y se sepa bien que son palabras que se
lleva el viento, prometer a cualquiera a todos a quienquiera que se acerque de
las llegadas de mañanas que nunca llegarán porque son mañanas imposibles de
comprar, en mercados donde todo se compra y se vende, palabras especialmente,
gestos, juramentos, como en los mercados, de ilusiones de esperanzas de creer
en porvenires que quedan en ese estado por siempre, prometer aunque se prometa
con mentiras mientras los que quieran escuchar estén conformes escuchando,
especialmente aquellos que lo piden de esa manera, aunque sea mentira escuchar
lo que se quiere, el manual del candidato a intendente no está escrito en
ningún lado, pero el flaco ha salido a su campaña, una vez más con sus
juramentos y sus propuestas de logros que nunca llegarán, con puteríos con
chismes, sabe el flaco muy bien, eso vale más que los proyectos, presentir, qué
es lo que a sus votantes menos les importa, porque les interesan los negocios
que vienen detrás de esas promesas, las mentiras de la mentiras que de tan
atravesadas terminan siendo verdades.

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