Por la plata baila el mono, y los
bolitas y los conscriptos de las guarniciones militares que andan con los
operativos del proceso de reorganización nacional que decretó el estado de
sitio para perseguir a los guerrilleros apátridas que andan por todos lados,
pero por la plata bala el mono y más los monos parecidos de caritas redondas
como los ojitos de toso esos negritos enfundados en uniformes verde oliva que
la junta militar a entregado para estrenar porque son tiempos difíciles y hay
que identificarse para que no haya traicioneros ni infiltrados, el coya Egidio
se vio en figurillas esa madrugada de julio del setenta y seis, cuando la
cuadrilla de gendarmería con otra gente de civil lo saco a los empujones de su
casa, todavía con las quiscas paradas y sin lavarse en la cara, calzándose la
ropa a los tumbos así nomás encima del pijama total estaba frío, a las apuradas
mientras esos cabrones no le permitieron ni andar ocupándose de cómo se vestía
o de preguntar porqué carajo lo sacaban así tan temprano antes que suenen las
sirenas del turno de las cinco, saltando en una pata para calzarse las flechas
mientras caminó por los pasillos de su casa, hasta que lo subieron a uno de
esos camiones que andaban con el logotipo de la empresa en las puertas de
varias casas de la cuadra donde estaba la suya, y esos tipos, cabos, sargentos
o qué serían, diciendo que no se preocupen que los llevan por unas horas en
averiguación de antecedentes, el coya Egidio se vio en figurillas porque
mientras su vieja lo puteaba y le decía que ella le dijo que no se tenía que
meter con esos comunistas que daban charlas en el sindicato de obreros y de
empleados hablando pelotudeces de los patrones y los dueños del ingenio, y que
él no le hizo caso y que mire a las horas que lo vienen a buscar, mientras ella
lo puteaba no le podía decir aunque más no sea a las apuradas, lo que podía
hacer al otro día que era llegarse hasta el juez de paz y decirle que el no es
argentino que es cosechero de los que vienen todos los años que llevan más de
tres generaciones de familia de esos que van y vienen de la quiaca, y que como
todos él va a las reuniones pero que no es traicionero de los que tienen las
manos que le dan de comer, y que está por la cosecha, y entonces apenas le pudo
decir a un hermano que averiguaran dónde se los llevaban que dicen los
compañeros que los que se llevan no vuelven con estos hijos de puta de los
milicos, el coya Egidio se vio en figurillas esa madrugada de julio del setenta
y seis cuando los camiones entraron al playón de villa Gorriti que estaba
desbordado de otros camiones con docenas de otros detenidos y más docenas de
milicos armados hasta los dientes y nerviosos porque les daban ordenes a los
gritos y no se entendían bien qué órdenes eran, pero en figurillas como estuvo
comenzó a darse cuenta que muchos de los milicos que los controlaban eran bolitas
como él, algunos conocidos, y como conocidos el bolita sabe de las debilidades
de todos los bolitas, por un manojito de dólares que llevaba enrolladito en uno
de los bolsillos un miliquito de la guardia lo acompañó hasta la puerta, señas
de por medio santos y señas de bolitas entendiendo que se lo hace por un
hermano que ha dejado unos pesitos, que alcanzan hasta para el cabo que tiene
que borrarlo de la lista armada por los sargentos que andan todo el día en pedo
haciéndose los prepotentes en estos operativos, el mismo bolita que le dijo a
la guardia también un bolita que con este bolita se habían equivocado.

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