Un hombre no tiene que hacer lo
que quiere, porque de otra manera no es posible vivir en armonía en una
sociedad en armonía, un hombre tiene que hacer lo que debe, de lo que puede,
aunque no sepa muy bien lo que debe, y en ese caso lo que debe es lo que otros
dicen que debe hacer, que para los empleados de la empresa es lo que dicen los
patrones, que hay que cuidar la fuente de trabajo, y tener disciplina, cumplir
los horarios así se tomen dispendios de andar emborrachándose o mandándose unas
buenas comilonas por ahí, un hombre tiene que hacer lo que debe, obedecer con
disciplina y no andar siendo iracundo con esas ideas raras de esos infiltrados
que se metieron en el sindicatos, esos que andan hablando que los trabajadores
son los verdaderos dueños de las fábricas, que los patrones son unos vivos y
entonces los explotan, les sacan sangre de los lomos y les devuelven migajas,
en los jornales del campo en los salarios de horas hombre en las fábricas, que
esos son inventos de los comunistas que quieren dominar el mundo como dominan
la unión soviética y china que no se meten pero son más comunistas que los
otros, se quieren meter por acá con trabajadores sencillos que van de la casa
al trabajo y del trabajo a la casa, un hombre tiene que hacer lo que debe
porque si no tiran su propia moneda para saber lo que quieren ser que es hacer
lo que deben la moneda la tira la empresa para ver qué es lo que sale si cara o
ceca, cuando fue su turno el carancho Mario no hizo su servicio militar por
sostén de familia, eso fue, cara, para él y para lo que tuvo que presentar un
certificado donde constaba la demencia temprana de su padre, y acta del juez de
paz con el testimonio que era el mayor de los hermanos varones y que de sus
hermanas mujeres ninguna trabajaba salvo en la casa donde ayudaban a su madre
con las tareas que eran
muchas y costosas para las ocho bocas que debían alimentarse cada día, por eso
mucho tiempo después cuando los jóvenes comenzaron a llamar colimaba al
servicio militar y comenzaron sus tiempos de ceca, de tiempos mejores haciendo
buena letra, tuvo mucho gusto de hacer la conexión que le tocó en suerte el día
del apagón, al frente de unos doscientos gendarmes y otros tantos voluntarios
entre empleados y obreros de la empresa, comprometidos como él, en la lucha
contra la sinarquía internacional, algo sobre lo que ni entendían pero si lo decía
el carancho tenía razón, él les daba protección dentro del ingenio, y ellos
tenían que ponerle el hombro a la empresa para limpiar las fábricas de hombres
que al final hacen lo que quieren, no lo que deben que es en realidad los que
los patrones quieren.

No comments:
Post a Comment