Fiestas rima paso dobles.
Doña Pocha es la más pizpireta de
las damas de Rosa, y la más trabajadora porque es íntima del cura, un alemán de
apellido difícil que llegó en los cuarenta y lleva como veinte años al frente
de la curia, que para los que lo quieren es simplemente Pancho y para los que
no lo quieren el nombre de fantasía de un refugiado de la segunda guerra
llegado por estas costas, Doña Pocha es la más trabajadora de las damas de rosa
por eso los días de fiestas patronales empieza casi de madrugada a poner el
hombro con las cosas que hay que preparar, como la iglesia para las comuniones
y confirmaciones que llevan buena parte de la mañana y de la tarde porque se
aprovecha con toda la gente del pueblo, de los lotes y de otros pueblitos
cercanos así que son comuniones y confirmaciones de a docenas, como los paseos
aledaños que se acondicionan con banderines de colores y unos quinchos de caña
de bambú con techos de hojas de palmeras entrelazadas de los que se cuelgan
unos focos que dan luces también de todos los colores donde se venden y rematan
las colaboraciones de la gente en mercaderías juguetes y ropa a precios
accesibles para todos, ella supervisa personalmente que todos los trabajos
vayan saliendo coordinados y bien terminados para lo que cuenta con una
cuadrilla que le mandan los dueños del ingenio que participan también como
padrinos del las fiestas, es como si supervisara el propio padre Pancho, que
para los que lo quieren aprovecha esa colaboración de Doña Pocha para organizar
la cena con los invitados especiales de la noche que es siempre de cerdo frío y
ensalada rusa, y para los que no lo quieren una avivada del predestinado que la
tiene a la pechugona de la señora de amante sin consideración del marido y de
todas las penitencias que da por ese motivo a otros, Doña Pocha es la más
pizpireta de las damas de Rosa, y la más trabajadora, pero por eso no descuida
sus acicalamiento que se hacen en tres momentos de esa larga jornada, el
primero, largo, al mediodía cuando se zambulle en la peluquería de Doña Blanca
que le lava el pelo y la pone en un secador reservado para ella, el segundo,
largo también, que se da a media tarde cuando la peluquera completa el peinado
trabajado que inmoviliza por unas horas con espray, y l tercero, corto, cuando
se viste, ya muy cerca de las diez de la noche, que es la hora en la que
comienza la milonga en el centro recreativo donde ella, haciendo oído sordo de
las malas lenguas, se manda unos buenos pasodoble con su marido, que es un
capo.

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