El cura Martínez tiene una
libretita de hule negro donde tiene anotadas todas las penitencias de mayor a
menor, de las más graves a las más benignas tiene anotado todo con su parsimonia de todos los
días, el perdona los pecados más graves menos graves, pero por lo único que no
siente misericordia es por esas ovejas descarriadas que joden con las limosnas,
y cuando está solo se pone penitencia para purgar los insulto y los improperios
a los que somete a los fieles amarretes, el perdona un adulterio con una
penitencia de veinte padrenuestros veinticinco avemarías y treinta gloria,
entendiendo el curro del que roba para comer por esos su penitencias a esos se
reducen a media docena de padrenuestros, otra media docena de avemarías y otros
tantos de glorias, un penitencia todas las penitencias anotadas línea por línea
en su libretita de hule negro, el cura Martínez pone cara de desentendido y de
boludo cuando alguien lo pesca con la mujer que tiene en la ciudad a la que va
los fines de semana, después de explicar que se trata de una buena samaritana
que le oficia de secretaria en la eucaristía, el cura Martínez se pone rojo de
la vergüenza cuando alguien le da la cana con sus pecados de la carne, por eso
mismo es misericordioso con estas cosas pero vive de discordia en discordia
cuando ve que le andan birlando una propina.
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