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Monday, March 03, 2014

Escalas rima juegos.


En los años cuarenta, el carancho estuvo todo un verano en un ingenio del jardín de la república, jugando al tenis en cancha de ladrillo molido, como podía, nadie le había enseñado pero se daba maña de ver y de arriesgarse en cada partido, y se gastaba todo el buen sueldo que consiguió en la administración de la fábrica, para comprarse mudas de la ropa blanca impecable del uniforme impecable que necesitaba cada día de los tres que iba por eso, para estar impecable él mismo, como correspondía a un tipo bien criado como él, todos los días de cada uno de esos tres días, para eso, porque salvo los lunes que cerraban el club social para abrirle las puertas a los proveedores, él aprovechaba las actividades, esas del juego y de las otras, para hacer relaciones, sociales, cualesquiera, se recreaba trabajando o trabajaba en sus recreos, lo veía de esa manera, hasta tomaba aperitivos con los veteranos de las bochas en los largos atardeceres de todos los miércoles, y cerveza con los jugadores de sapos los viernes a las noches después de alguna de las comilonas importantes que se organizaban, chupines de bagre, cabezas guateadas, picantes de mondongo, disfrutaba, como de las zapatillas blancas especiales, los pantalones pinzados de ruedos prolijos y las remeras de piqué o las camisas de hilo, liviano, como el de la campera liviana por las dudas para las noches frescas, todos sus ingresos se los iba gastando en eso más que en comer y cubrir sus otros gastos que no le importaban demasiado, inversiones eso eran, el carancho sabía que después sacaba sus ventajas, en eso y en contratarse muy especialmente a la lavandera de la soltería para que todos los días, sin faltas cuando volvía de la cancha, le lavara con lejía la muda que estaba sucia, para dejarla extendida toda la noche y con todo cuidado, y almidonar y planchar para que ese uniforme estuviera listo para un próximo partido, inmediatamente sin postergaciones ni demoras le daba propinas que duplicaban el jornal del día, en intercalaciones que hacía para no dejar ningún detalle librado a la suerte que además lo acompañaba, más que nunca por esos tiempos, más que aprender o interesarse en el tenis en esa sede del paquete Lawn Tennis, en los años cuarenta, el carancho estuvo todo un verano aprovechando ese par de meses entre diciembre y marzo, para hacer relaciones sociales que terminaron con buenos resultados, en un casamiento respetable y por conveniencia, porque la novia que consiguió en tantas jornadas de juego, era medio pizpireta y entonces la sobrevolaban halcones que se llevaban sus tajadas por pequeñas que fueran, pero sin promesas de bodas que él las hizo al propio progenitor que le quedó más que agradecido, y por amor también porqué no, tuvo ese matrimonio con una moza de la aristocracia ascendente de los comerciantes del pueblo, así se fue haciendo el muchachito que se había recibido de maestro normal nacional un año antes, lleno de sueños y de ambiciones de llegar lo más alto que pudiera, en los años cuarenta, el carancho estuvo todo ese verano en ese ingenio del jardín de la república, donde fue nombrado encargado de la oficina que armaba los contratos de los santiagueños que venían como cosecheros a la zafra.





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