Donde se come no se caga repitió
por enésima vez el carancho a su novia la gorda que de esto tenía nada más que
el apodo porque era una de las mejores minas de la oficina así que el novato
con los filtreos había pasado a la historia y a los anales de la empresa
centenaria de la familia de los Anchorena de los no sé qué y no sé qué, que
eran de esos apellidos de cholo que nunca podía decir enteros, donde se hace
eso no se hace aquello, le repitió de la forma que lo decía cuando tenía la
sospecha que alguien lo estaba escuchando para no ser tan grosero, y la tercera
vez que la gorda a última hora en su oficina desierta le hurgaba desesperada
con la mano para abrirle la bragueta en una hilera de botones para que se la
ponga desesperada como se desesperaba, ardiendo, estuviera donde estuviera
aunque él le hiciera acordar de su máxima ella no lo atendí o no lo entendía,
sí que en la primera oportunidad que tuvo el carancho de un cambio de trabajo
con asenso incluido paso a otro ingenio, este de los Cornejo de no sé qué y
qué, adonde lo contrataron de jefe de personal con autoridad de ser también jefe
de tesorería, así que iba bien en su carrera de ser el elegido de los dueños
para cuidarles lo único que les interesa que es lo único que le interesa a
cualquiera, la plata, así empezó su carrera ascendente de años de escalara, en
años un poco más en otros años un poco menos, sacando tajada propia, llevando
agua para su propio molino, cagando más arriba de la altura de su culo.

No comments:
Post a Comment