De ese espacio de su vida se
acuerda muy bien porque se le comenzaron a abrir todas las puertas del mundo,
especialmente las puertas del mundo de su trabajo que era lo que más le
interesaba de los últimos tres años cuando el viejo lo llamó y le pidió
ceremoniosamente que lo ayudar con parar la olla porque a él se le hacía cuesta
arriba garpar lo que comen ocho bocas cuatro veces al día todos los días de
todos los meses de todos los años, bien se lo merecía, porque era de madrugar y
llegar siempre temprano a las oficinas del ingenio, puntual antes de la sirena
de las siete, y se iba último, puntual también con la sirena de la nueve de la
noche, el prendía y apagaba la luz, aunque a esa altura había superado apenas
las categoría de cadete con el nombramiento en el lugar de ayudante de contador
en la tesorería, lo que significaba haber pasado un doble examen entre la capacidad
y la confianza, la suma de sus habilidades para seguirlo al contador que a
medida que trabajaba le comentaba de las ventajas de la partida doble y de sus
habilidades para enroscarlos como una boa a todos los que se ponían al frente,
especialmente a sus superiores, así había descubierto, como si fuera un juego
él iba cambiando posiciones, hacia arriba, siempre hacia arriba, hay que andar cagando más arriba del culo le
dijo a su novia estela el carancho, el mismo día que le dijo que no podían
andar franeleando en los rincones oscuros de las oficinas porque donde se come
no se caga.

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