Solo una vuelta, nada más que un
vuelta que para ellos no es nada, mucho empeño aunque costara ensuciarse,
aunque la réplica fuera ligar algunas maldiciones, por la mugre de la ropa más
que por la mugre de la cara, palabrotas de Blanca de Eufemia, por esa
inmundicia que fuera una mezcla de grasa con combustible y aceite, de esos
manchones que salen de la cara y las manos con puloy y unos cepillos de cerdas
que lastiman la cara, mucha obstinación aunque hubiera que aguantar las quejas
de esas viejas en batones, que se van en decir que esas sí son vueltas para
ellas, que cobran poco y trabajan todo el día, que lavan la ropa jabonando y refregando
en esas tablas corrugadas con relieves, eso es lo que cuestan las manchas de la
ropa, mucho tiempo fregando con panes de jabón, en rollos parecidos a los
rollos de grasa de ellas mismas que desbordan a las alturas de sus cinturas
perdidas, unos pocos rulos nada más, que
dejan tirantes los abotonados, más sometidos a pruebas con grandes pechos
apenas insinuados en esos escotes mezquinos, mucho trajín para ellas y mucha
tenacidad en ellos, justo para eso para dar una vuelta no más, conseguida con permisos
de progenitores permisivos, eso que pagan las sirvientas en bocas de comadronas
aburridas, sin muchos prolegómenos ni declaraciones esos niños los niños
haciendo exactamente lo que quieren, mucho encaprichamiento, mucha insistencia
en apenas una pizca de sus días en que estuvieron juntos, cuando fueron amigos
o lo que fueran los pequeños, los pequeños eso mismo, un anfitrión y el otro de
visitas que se pasaron horas y horas, con las manos embadurnadas de grasa,
ajustando la cadena y la bujía de esa motito destartalada, esa motito que no
les arrancara así le dieran a docenas de patadas al arrancador que tira la
chispa para que ese motor de explosión se encendiera, como quisieron y pudieran
subirse y andar por lo menos una vuelta, una vuelta dispensados de las
empujadas, que los someten a cargadas y burlas de los que miran y además los
ponen en evidencias que no quieren, allá a pesar de ellas se pasaron en
cuclillas destornillando y atornillando en la entrada del carburador, o del
filtro de la nafta, viendo la forma de arrancar ese aparatito que resiste las
intervenciones de los dos entusiastas pilotos, esperando esa explosión
milagrosa que les devolviera el ronquido exangüe de ese pequeño motor, para eso
nada más que para eso, para pasar por esa esquina donde dos niñas hacen como
que juegan a las muñecas, pero que miran de reojo cada vez que ellos pasan, qué
si pasaran con la motito en marcha, una vuelta solamente una vuelta en el
reducido espacio del tiempo de ese día de ese fin de semana para tener la recompensa
de esas miradas, porque el lunes tienen que estar de nuevo en el internado, y
allá son todos varoncitos menos dos que algunos dicen que son mariquitas.

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