El par de tías circunspectas y
correctas sin consortes, que el papá que dormía sus monas en siestas y noches
que se sucedían sin remedios ni remedos identificaba como solteronas, se
mostraban en esos mismos lapsus las mantillas bordadas con sus madres que
aconsejaban que los hombres aunque molestos sirven para apagar calores, en
sobremesas donde entre bromas y en serio repasaban sus suertes para enganchar
maridos, en ese pueblo tan chiquitito donde los solteros escaseaban y las
infidelidades estaban a la orden del día, ellas chismoseaban, en los inviernos
tomando café cinta azul o franja blanca y una copitas de anís, en los veranos
unos mates y unas limonadas que les bajaban las temperaturas que subían con sus
tristezas a sus cabezas frías, porque no faltaba que una de ellas comenzara a
recordar los despechos de los que fuera objeto y derramara unas lágrimas por
ello maldiciendo al mismo demonio, era común y repetido escucharlas, en medio
de los comentarios de las técnicas de bordados e hilvanes que usaban, de los
dibujos y colores elegidos en los Para Ti que compraban, según fueran los
modelos de mantas elegidas, que iban de posa vasos a cubrecamas para cunas y
coches, conversaciones que se mezclaban y que quedaban resumidas, en que
estaban quedando para vestir santos, lo que quería decir que no tenían a nadie
pero a nadie para apagar los calores que decían sin las atacaban en ocasiones
en confesiones de murmullos, mientras ellas se mostraban sus encajes, las niñas
en zaguanes y otros rincones de las casas descubrían sus escalofríos y sus
corrientes íntimas, dejándose abrazar que les pusieran manos mientras ellas las
ponían, sin rechazos por muchachos que entre sus piernas buscaban con fuerzas y
sin cansancios lo que ni sabían qué buscaban y a veces ni encontraban,
resolviendo las niñas en refriegues y contactos, esas aventuras que las niñas y
las madres no explicaban siempre con respuestas que de eso ahora no se habla, eyaculaciones
rápidas que apenas terminadas, disimulaban poniendo caras de inocencias, las
niñas tomaban lo que les llegaba las tías se lamentaban sin buscar de llenar
sus corazones y sus ganas.

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