El carancho Melitón Vázquez los
defiende todas las veces en las reuniones del sindicato de obreros y empleados
del ingenio, a sus amigos el chaguüanco Juan el señor de la tembeta y el mataco
Pedro simba de pura cepa, más ahora que unos criollos ricachones compraron la
finca Calilegua, y en el primer informe del boludo, el jefe de la oficina de
contratación y relaciones laborales, aparecieron retratados justo como no son,
no ellos solamente, sino todos sus compadres y sus comadres, vagos e
indolentes, que por ahí lo puso, a eso de los chaguüancos y los matacos en el
informe, porque está prendido con los contratistas que juntan coyas por su
propia cuenta y orden en la Quiaca, y a ellos los alaba a esos que significan
tres o cuatro trenes por cosecha que vienen hasta el soronogo de bolivianos,
además de los mangos que le tiran los del almacén grande, donde a estos pobres
infelices los empernan bien empernados con una bicicleta, un par de colchones,
una linterna, dos mudas de ropa de grafa y unos machetes que después les
descuentan por planillas y en los recibos siempre, hijos de puta los mismos
machetes con los que cortan las cañas de ellos, todos los descuentos antes de
los seis meses, antes que se vuelvan para sus pagos, el carancho Melitón Vázquez
los defiende todas las veces en las reuniones del sindicato de obreros y
empleados del ingenio, a sus amigos que no se van como los otros porque viven
en las laderas de los cerros, tranquilos, donde no molestan a nadie, es que
sabe bien que no los quieren porque no se meten con nadie, con la excepción de
los carnavales cuando se prenden con los coyas a darle al pim pim aunque sigan
panchos con sus vidas, pero ellos se mantienen al margen, no le piden nada a
nadie pero tampoco andan repartiendo lo que no tienen, se machan con chicha y
andan en las carreras, inclinados unas veces erguidos otras veces, entrelazados
al compás de esa danza que los transporta, no es que sean vagos pero ellos se
acostumbraron con los ingleses a las cosechas de los citrus, a levantar
hectáreas y hectáreas de naranjas y mandarinas y pomelos, y ahora quieren
mandarlos a agacharse como monos en los surcos con el culo para arriba por
jornales de mierda, dice el carancho, y siempre termina de la misma forma, que
les pide a los compañeros que no los discriminen que no se hagan los blancos si
todos son unos morochos de mierda, que ellos se llevan bien con los coyas, que
la única diferencia que tienen es que los chaguüancos y los matacos son
impecablemente limpios, mientras que los otros son unos sucios unos hediondos,
como las coyas que no se vayan en todo el carnaval, esas que copulan a diestra
y siniestra con los mandinga.

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