El castigo no les caería como un
balde de agua fría, los minúsculos monstruos habrán esperado el final cantado
de ese día en que se les ocurrió agarrar un manguera y llenar de agua hasta el
tope la fosa del garaje de la casa confortable, las advertencias de Blanca y
Eufemia, las niñeras, levantadas en olas de impotencias broncas y angustias,
cayeron durante todo el día como en saco roto, sin ningún efecto, sin el menor
indicio que en la bolsa de las prudencias de aquellos malandrines, se les
ocurriera cambiar para cambiar sanción en recompensas, que si tenían algo de
sesos se darían algunos cambios que atenuaran los chascos posteriores, sin
ninguna pista que indicara que pegara, alguna de las sugerencias de variar de
entretenimiento, para amortiguar las sanciones que, monstruos y cuidadores
descontaban, bajarían del jefe de la familia, repitiendo una y otra vez lo que
cualquiera diría, sin desagüe ni drenaje sacar el agua sería un trabajo de
tracción a sangre balde por balde, de esa fosa de uno veinte por tres metros
por dos metros de fondo que ni ellos supieron, el castigo no les cayó como un
balde de agua fría, cuatro horas de encierro sin luz ni provisiones condenados
a la inquisición del destierro en territorio conocido, el propio dormitorio, el
castigo no les cayó como un balde de agua fría, así que en la oscuridad se dispusieron
a pasarlo, hasta que uno no pudo más de continencia urinaria, y llenó de meado
una caja de zapatos que fue lo más parecido a un recipiente que encontraron en
el cuarto de sus reclusiones, hasta el tope también como la fosa, con la
diferencia que en este caso el líquido desbordó el cartón como si nada, y el
orín se extendió por el piso como un charco de agua servida, otros castigos se
vendrían, sus escarmientos, que habrán imaginado, no les caerían como un balde
de agua fría.

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