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Sunday, February 02, 2014

Cuerno rima mancuerno.

Cuerno rima mancuerno.
Pablo y Pablito fueron amigos, entrañables amigos, hasta que dejaron de serlo, quizás fueron muy niños como para acordarse de los detalles al dedillo, pero sus otros amigos anduvieron diciendo que lo fueron desde la tarde de algún carnaval, cuando estuvieron cerrando filas con otros sabandijas para matar a bombazos a las minas, con las miradas se entendían y después de las macanas se pasaban las horas programando nuevos embrollos, como esos mismos carnavales cuando unos salían como ellos caminando, y otros andaban en sus vehículos, en esas juergas que se armaban como a las tres de las tardes de todas las tardes del carnaval grande del carnaval chico, un manojo como de seis días que no eran laborables, así que andaba todo el mundo todo el día con los mismos menesteres, Pablo y Pablito a las mañanas descansados, como los demás y  a las tardes esto y a las noches los bailes en boca, en el sindicato de obreros y empleados y en el club Belgrano donde Pablo no entraba si no lo dejaban entrar a Pablito por ser menor de edad, cuando más que las otras la gente joven de los vecindarios salían a las veredas aprovisionados con baldes desbordando agua y de bombuchas de colores que con cuidado se inflaban también con agua en las canillas de los jardines de las mismas casas del pueblo, Pablo y Pablito fueron amigos emparejados, aunque eran dos niños uno más grande el otro más chico de dieciséis y de catorce, andaban junto en los patios de la escuela Dorrego, en los peraltes elevados de la avenida libertad construidos con piedras blancas y grises selladas con mezclas, en el embudo esquivando los charcos y los cauces de aguas nauseabundas que brotaban de los ranchos a toda hora, Pablo y Pablito fueron amigos hasta que dejaron de serlo, quizás no eran tan niños como para no acordarse de los detalles al dedillo, quizás fuera que no querían de ahí en más o no quisieron acordarse, especialmente Pablito, la tarde que su padre, antes que él mismo se diera cuenta, caído como del cielo, intempestivamente, de casualidad o de advertencia a una hora no acostumbrada, descubrió a Pablo en un codo del zaguán escondido a la vista de todos, con la cabeza en los pechos de su madre tocándole el culo, se habrá enojado el papá como cualquiera al que le meten los cuernos, porque esa tarde el amigo de Pablito desapareció en medio de empujones y patadas, porque de ahí en más siguieron los reclamos a su madre, y a él que su progenitor lo interpeló preguntando qué estaba haciendo, que no se dio cuenta.




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