Mientras los grandes duermen sus
monas en siestas apacibles, desmayados en colchones estropeados afirmados mal
en elásticos también destartalados, después de mañanas agitadas que estresan,
los hombres en las fábricas colmadas de ollas grandes y de otros tamaños que
por lo general llaman calderas y de sartenes que llaman pailas que alimentan de
costado los trapiches las válvulas las tolvas para hacer millones de quilos de
azúcar, y las mujeres en las cocinas abarrotadas de ollas y de sartenes para
hacer los pucheros y los estofados que calman además del hambre los fríos de
los inviernos intensos, mientras los grandes se duermen en sus laureles en
noches después de las lujurias peligrosas y carnales, porque no ha bajado la
comida en digestiones interrumpidas por eso, de amores a los tumbos en
aposentos desinfectados con lavandinas y lustra pisos y adornados con ajuares
amarillentos por el paso de los años y la mugre acumulada en placares
abarrotados, los chicos, que crecen rápido, que se van haciendo grandecitos sin
que los grandes se den cuenta, deambulan por zaguanes por rincones varios,
corredores ensombrecidos y pasillos lúgubres, descubriendo por cuenta propia lo
que los grandes callan o dicen que son porquerías aunque lo hacen como quieren
por lo menos las veces cuando ellos los espían, los chicos entretenidos, ajenos
a las obligaciones laborales y domésticas, concentrados en manos y piernas que
se mezclan, los varones con urgencias imparables en erecciones repetidas y
húmedas avergonzados de eso que se mezcla con la ternura las ganas el afecto y
un buen par de tetas o de caderas torneadas que a ves las mujeres grandes madres
y vecinas les muestras con caras de desprevenidas o sorprendidas, y las mujeres
inesperadas hembras en medio de las infancias de las que no salieron todavía,
con calores que por lo menos suben una vez por mes allá entre las piernas, con
sangrados que las madres explican al dedillo de su razón de ser menos de las
maneras de higienizarse o de contenerlos, al contrario de lo mal que explican o
directamente omiten, de las virginidades que la niñas entienden que tienen de repente, en las
miradas de los hombres grandes en las salidas de las fábricas.

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