De pronto comenzaron a llover las
propuestas en la las bocas de profesoras de literatura o de historia, poco de
Platero y yo la una poco de Carlomagno la otra pero del concilio vaticano en
Medellín mucho, particularmente de esas materias aunque no fueran las únicas,
que además de profesoras como minas estaban más que buenas con los parámetros
con los que entonces medíamos las dotes femeninas, además de los anteojos que
ambas usaban que les daban un toque en sus caritas picarescas las tetas el culo
las piernas, particulares fijaciones que unificaban todas nuestra sugerencias
de impúberes más perdidos que encontrados por nosotros mismos, de pronto nos
comenzaron a llover las propuestas anunciando revoluciones, ideas, armas,
luchas incansables, las llegadas de mundos diferentes con menos ricos y menos
pobres, jugadas en el monte tucumano y en las ciudades a la espera de las
necesarias respuestas del pueblo, de pronto en las clases nos contaban que
nosotros éramos la encarnación la esencia de esas subversiones de los ordenes
establecidos, mejores a los ordenes establecidos anteriores, los beneficiarios
de porvenires de amaneceres que vendrían en las manos de los héroes y mártires
predispuestos a inmolarse por nosotros, nos explicaban que sustentaban esas
aspiraciones de tipos que no veíamos pero que todos comenzamos a conocer
también en la boca y en los discursos de esas profes infartantes que además se
vestían con aires e intenciones de sensualidades que a nosotros no derretían y
nos predisponían a escuchar sus consignas, casi a inmolarnos con ellas, también
de pronto comenzaron a aparecerles los maridos, algunos profesores como ellas,
otros, melenudos desalineados que las buscaban en los patios de las salidas,
aunque lo mismo nos enganchaban con las promesas de reuniones clandestinas que
según las lenguas de los más avispados de nosotros, podían terminar con alguna
de esas profesoras de fiesta con un grupo de nosotros, en lujurias de madrugada
después de lecturas ligeras del capital o del discurso del che en la OEA, de
pronto nos invadieron, irrumpieron sin permisos de ninguna naturaleza pero por
cierto con nuestro absoluto consentimiento, en la vida de nosotros para
contarnos de la revolución que llegaba, el cambio popular de la reforma agraria
y de la guerrilla urbana, y algunos de nosotros nos anotamos en esas
convocatorias de buscar por el medio que fuera las transformaciones de la
sociedad en gritos de que el fin justifica los medios a poco más de tres años
de los incendio en París, de pronto las profesoras que estaban buenas
comenzaron a perderse a faltar primero de las clases después ya no se las vio
más en el pueblo, y quedaron los maridos que no nos inspiraban de la misma
forma que ellas, de mejor a peor al último quedamos solos, hasta los años que
vino el proceso de reorganización nacional, entonces nos dimos cuenta que nos
habían utilizado nomás que de carne de cañón, del cañón de esas minas que
estaban buenas, a algunos de nosotros esas chances le costaron caras,
inmolaciones solitarias de esas princesas que nos inspiraron.

No comments:
Post a Comment