Los niños hicieron ronchas en
todos los carnavales donde estuvieron, con sus imaginaciones volando a miles de
kilómetros por hora delante de lo que pudieran volar los presupuestos de sus padres
para pagar por todas sus ocurrencias, como avispas encocorotadas en enjambres
pululaban por los corsos de la avenida Libertad, iban y volvían desfilando por
las franjas de asfalto habilitadas para el desfile, por ahí apretados con las
gentes que colapsaban las cuadras que se desplegaban desde la administración
hasta el hospital del ingenio, con todo el pueblo volcado en las noches del
carnaval grande del carnaval chico y del entierro de la pachamama los niños
dieron para todo, resolviendo sus propias distracciones en comparsas de indios
con gorros en perfiles de dragones de cartones cortados al centímetro,
trabajados con celofanes de colores que pintaban más para colores de plumas de
papagayos y enhebrados en todo el símil de sus cuerpos, con lentejuelas flecos
multicolores y vidrios cortados en pedacitos con corta vidrios especiales, lagartos
con ojos encastrados de cartulina negra más la reproducción de una cadena de
blancos dientes en sus bocas abiertas con el detalle de largas lenguas también
de cartones forrados en celofanes rojos dieron con los aspectos que ellos querían,
de lagartijas avispadas y encendidas en las cabezas de cada uno de esos
pequeños neurasténicos, disciplinados en los desfiles que se hicieron con las
dificultades conocidas de la gentes empujando, de las otras murgas y comparsas
queriendo aparecer, para jurados que nunca se identificaban pero que los locutores
localizaban en los palcos y en nombres de personajes importantes y conocidos del
pueblo, los niños les sacaron el jugo a todos los carnavales donde estuvieron,
con sus uniformes de paños de raso o de satén adornados con organdíes bordados
y flecos más de indios americanos o de indios imaginados por ellos o por las
madres de algunos andando con ellos, que de indios de la propia aldea, los
carnavales calaban hondo en sus tiempos, más mucho más de lo que calaban sus
obligaciones escolares, como las de aprender la tabla del cuatro o del sujeto y
del predicado.

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