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Thursday, January 23, 2014

Lidias rima lías.


Mi abuela Isabel lidiaba todo el santo día de todos sus santos días con el horno con la pobreza con la gordura, y por esos días también conmigo, supongo que por eso y como comencé como a entender lo que era amar le devolví lo que me daba más con ganas que con plata y lo hice a mis maneras con devoción y desprendimientos del presupuesto propio que también como parte del de ella provenía del bolsillo de mis padres, aprovisionándole de golosinas que además le hacían mal pero que ella golosa consumía con ganas diciendo, que más podré vivir o qué tengo que perder, como si fuera un mercado negro yo le llevaba fuera de los circuitos de vigilancia familiares, los apaños y ella no los blanqueaba con los parientes cercanos que le controlaban los consumos, y el consumo de otras cosas que le gustaban que por lo que se veía había decidido darse los gustos aunque eso le significara un disgusto que sería más de los otros que de ella misma, al final todos nos morimos de una cosa o de la otra decía, y así anduvimos hasta el mismo día en que a ella le tocó lidiar y liar con su muerte, por lo que contaron después trajinó poco, un paro cardíaco la sacó rápido y limpia de este escenario, justamente con su muerte que no recuerdo exactamente cuando fue pero tiene que haber sido algún día de diciembre del setenta y cuatro, porque mi padre me encontró, como a medianoche en la boite del pueblo donde estaba lejos de la ciudad donde mi abuela Isabel vivía, me acuerdo porque fue la misma noche que dijeron que el apagón grande de las luces en el pueblo y en los suburbios era porque los milicos andaban buscando zurdos, que duró como cuatro o cinco horas, y que no afecto a unas pocas zonas ni al boliche ni a otros boliches o bodegones donde como sábado que era se divertía la gente, y me tiró la noticia como al oído por el barullo que como yo esperaba me significaron ahí una aceleración de los latidos de mi corazón, en la oportunidad del otro día al mediodía, con unos cuantos sollozos broncas contenidas pensando que podría haber estado cerca de ella, tomé conciencia de la muerte que hasta por ahí tenía una idea en el insondable mundo de la inconciencia, de eso que es estar y dejar de estar de un momento a otro, que no había podido entender muy bien tal vez por la infancia no por el golpe que todavía recuerdo, unos años antes cuando otro niño amigo de la misma edad, se descerrajó un tiro entre las cejas jugando con un revólver que el padre escondía en la mesa de luz del dormitorio que era parte del itinerario de juego del niño, no estuve en la escena pero nunca volví a ver a ese niño que entonces era mi amigo
Su vida fue larga y buena, al menos no se quejaba, aunque lidió y lió con todas esas cosas mas las otras cuando no estuve, y si hubiera caído en escribirle un epitafio, y hubiera puesto esto de lidiar y de liar que al final lo hacemos todos, ella lidió aquel día con su propia muerte, y yo no terminé de liar con la mía.



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