Ellas nos abrieron a un mundo
infinito cuando pudimos hacerlo antes que nos diéramos cuenta del tránsito en
que estábamos, allá cuando por las casualidades tuvimos la oportunidad de vivir
tiempos sin apremios, tiempos sin tiempo, cuando los días nos parecían largos
mucho antes que comenzaran a parecernos cortos, cuando los días se resolvían
sin urgencias y encima los resolvían otros por nosotros, ellas anduvieron
deambulando juntas y acompañándonos por la vida, desde cuando las conocí no
tengo la mínima idea, aunque a veces pasan flashes por mi cabeza de los niños
que fuimos entretenidos con autitos y una montaña de arena percibiéndolas por
momentos como sargentos que nos marcaban todo el tiempo con indicaciones sobre
enchastrarnos o lastimarnos, después aflojaban y nos contaban historias y
conversaban entre ellas y nos relataban cuentos como podían, todos los días la
misma historia durante días enteros durantes meses durante años en tiempos que
no pasaban para nosotros, no nos gritaban ni nos presionaban pero estaban ahí
todo el tiempo y a nosotros nos sucedían pocos accidentes mucho menos de los
que se producían sin ellas, y por los cuales en cadena ligaban llamados de
atención de nuestros padres, porque para eso les pagaban, les decían a veces
como si esas obligaciones fueran parte de un mercado de favores y de fervores,
de lo que sí tengo idea es hasta cuando estuvieron con nosotros Blanca y
Eufemia, cuándo nos dejó la primera que era pariente de unos matacos del chaco
mujer de rasgos angulosos y rectos muy bella que debe haber andado por sus
veinte años, ella se fue cuando tuve como unos quince años, y la segunda una
formoseña bien puesta de pechos grandes, un par de años, antes cuando enganchó
un paraguayo también bien parecido que le habrá ofrecido el paraíso porque no
dudó ni un instante para irse por detrás, y dejarnos sin poder expresarle
nuestras tristezas probablemente porque no las tuvimos presente entonces con la
famosa edad del pavo cuando los tiempos comenzaron a acortarse en proporción
directa con las obligaciones que nos fueron imponiendo cuando las historias las
leyendas y los cuentos comenzaron a formar parte de los recuerdos más que de
cuestiones cotidianas, ellas fueron papá, mamá, otros hermanos, los amigos que
no venían algunos días, los compinches, las enfermeras de primeros auxilios,
las cómplices las entregadoras según las circunstancias, las manos que nos
dieron de comer, las que nos lancharon la ropa y demás caprichos que nos
aguantaron, porque supongo que es de lo que menos me quiero acordar, pero
seguramente les habremos hecho travesuras de las más insólitas, Blanca contaba
siempre cuentos de aparecidos historias tenebrosas de duendes asolando en las
laderas de los cerros o en los cañaverales que tuvimos cerca y Eufemia los
cuentos que conocían más todos cuando lo hablábamos, como el de los tres
chanchitos, la cenicienta o la propia caperucita, en conferencias que empezaban
sin excepción en los atardeceres cuando además empezaban otras ceremonias que
se cumplían aunque fueran resistidas por nosotros.

No comments:
Post a Comment