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Saturday, January 25, 2014

Finitos rima infinitos.


Ellas nos abrieron a un mundo infinito cuando pudimos hacerlo antes que nos diéramos cuenta del tránsito en que estábamos, allá cuando por las casualidades tuvimos la oportunidad de vivir tiempos sin apremios, tiempos sin tiempo, cuando los días nos parecían largos mucho antes que comenzaran a parecernos cortos, cuando los días se resolvían sin urgencias y encima los resolvían otros por nosotros, ellas anduvieron deambulando juntas y acompañándonos por la vida, desde cuando las conocí no tengo la mínima idea, aunque a veces pasan flashes por mi cabeza de los niños que fuimos entretenidos con autitos y una montaña de arena percibiéndolas por momentos como sargentos que nos marcaban todo el tiempo con indicaciones sobre enchastrarnos o lastimarnos, después aflojaban y nos contaban historias y conversaban entre ellas y nos relataban cuentos como podían, todos los días la misma historia durante días enteros durantes meses durante años en tiempos que no pasaban para nosotros, no nos gritaban ni nos presionaban pero estaban ahí todo el tiempo y a nosotros nos sucedían pocos accidentes mucho menos de los que se producían sin ellas, y por los cuales en cadena ligaban llamados de atención de nuestros padres, porque para eso les pagaban, les decían a veces como si esas obligaciones fueran parte de un mercado de favores y de fervores, de lo que sí tengo idea es hasta cuando estuvieron con nosotros Blanca y Eufemia, cuándo nos dejó la primera que era pariente de unos matacos del chaco mujer de rasgos angulosos y rectos muy bella que debe haber andado por sus veinte años, ella se fue cuando tuve como unos quince años, y la segunda una formoseña bien puesta de pechos grandes, un par de años, antes cuando enganchó un paraguayo también bien parecido que le habrá ofrecido el paraíso porque no dudó ni un instante para irse por detrás, y dejarnos sin poder expresarle nuestras tristezas probablemente porque no las tuvimos presente entonces con la famosa edad del pavo cuando los tiempos comenzaron a acortarse en proporción directa con las obligaciones que nos fueron imponiendo cuando las historias las leyendas y los cuentos comenzaron a formar parte de los recuerdos más que de cuestiones cotidianas, ellas fueron papá, mamá, otros hermanos, los amigos que no venían algunos días, los compinches, las enfermeras de primeros auxilios, las cómplices las entregadoras según las circunstancias, las manos que nos dieron de comer, las que nos lancharon la ropa y demás caprichos que nos aguantaron, porque supongo que es de lo que menos me quiero acordar, pero seguramente les habremos hecho travesuras de las más insólitas, Blanca contaba siempre cuentos de aparecidos historias tenebrosas de duendes asolando en las laderas de los cerros o en los cañaverales que tuvimos cerca y Eufemia los cuentos que conocían más todos cuando lo hablábamos, como el de los tres chanchitos, la cenicienta o la propia caperucita, en conferencias que empezaban sin excepción en los atardeceres cuando además empezaban otras ceremonias que se cumplían aunque fueran resistidas por nosotros.



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