En los viajes interminables del
gallito pelao en las versiones de Blanca y Eufemia, viajes que duraban todo lo
que duramos nosotros en dormirnos todas las veces que les tocó a ellas estar
con nosotros acompañándonos en esos momentos cuando con las vigilias aparecen
los duendes y los fantasmas que van y vienen con las alucinaciones que sabrán
ir y venir con las culpas que se sienten por las travesuras que levantan
reproches y retos algunas más pesadas que otras, en esos viajes interminables
que llegaron en los momentos de cansancios cuando parpadeamos ya para
dormirnos, a cualquier hora pero más en las noches que en otras horas,
interesaban mucho las atenciones por los comienzos que nunca nos contaban porque
directamente no hubo comienzos, o el comienzo daba con el gallito viajando, y
finales que tampoco llegaban, hubo interrupciones en todo caso paradas de
golpe, golpes, topes, en las versiones de ellas el gallito enfrentaba
infortunios con sus propias apariciones que solucionaba con el metete en mi
culito trancate con un palito, en esos viajes interesaban también las
conversaciones del gallito con sus dominados enemigos, el zorro, y el tigre y
el oso que por aprovechados sucumbían a la viveza, o cualquiera fuera el animal
que ellas elegían como dificultades para seguir con los itinerarios del
diminuto animalito a cualquier lado, pero derroteros en líneas como las líneas
de las vías dispuestas en esos rumbos escondidos en los mares de cañaverales de
los tres viajes semanales del coche motor, otro viajero como el gallito con un
culito en el que metía adentro a la gente y trancaba con sus palitos,
resolviendo trances con sus cargas, apuros, que ese día se estrello con el
único colectivo que había en el pueblo para llevar personas de un lado a otro, otros
gallito pelao otros fantasmas otras confusiones, que fueron los motivos de los
gritos que comenzamos a escuchar justo cuando estuvimos adormecidos, justo
cuando empezaron las corridas por la casa, de gente entrando y saliendo con las
novedades que llegaban con cuentagotas, versiones que se confirmaban versiones
que se modificaban versiones erróneas, que fueron disparando gritos de dolor
llantos de consuelos lamentos, oraciones de algunas de las mujeres que
resignadas eligieron rezar, hasta que llegaran las noticias finales de los que
tuvieron la mala suerte de ir en ese colectivo que en el momento del accidente
dijeron que llevaba setenta personas, en los viajes interminables del gallito
pelao de ese día, interrumpidos por todos esos días no estuvimos.
Nos quedamos de este lado con
ellas, en la casa donde había unas cuantas personas, pero las suficientes, como
parientes, para entender que fue el peor accidente del pueblo, media docena de
los cincuenta muertos eran parientes de las viejas que jugaban su canasta, por
lo menos es lo que nos contaron, de la forma que pudieron Blanca y Eufemia, un viaje que llegó a sus finales en su momento, no como el viaje del gallito pelao que sigue viajando y le sigue dando resistencia a sus dificultades, sirviendo para que se duerman niños ávidos de relatos aunque sean incompletos.

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