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Thursday, January 30, 2014

Finitos rima infinitos.


En los viajes interminables del gallito pelao en las versiones de Blanca y Eufemia, viajes que duraban todo lo que duramos nosotros en dormirnos todas las veces que les tocó a ellas estar con nosotros acompañándonos en esos momentos cuando con las vigilias aparecen los duendes y los fantasmas que van y vienen con las alucinaciones que sabrán ir y venir con las culpas que se sienten por las travesuras que levantan reproches y retos algunas más pesadas que otras, en esos viajes interminables que llegaron en los momentos de cansancios cuando parpadeamos ya para dormirnos, a cualquier hora pero más en las noches que en otras horas, interesaban mucho las atenciones por los comienzos que nunca nos contaban porque directamente no hubo comienzos, o el comienzo daba con el gallito viajando, y finales que tampoco llegaban, hubo interrupciones en todo caso paradas de golpe, golpes, topes, en las versiones de ellas el gallito enfrentaba infortunios con sus propias apariciones que solucionaba con el metete en mi culito trancate con un palito, en esos viajes interesaban también las conversaciones del gallito con sus dominados enemigos, el zorro, y el tigre y el oso que por aprovechados sucumbían a la viveza, o cualquiera fuera el animal que ellas elegían como dificultades para seguir con los itinerarios del diminuto animalito a cualquier lado, pero derroteros en líneas como las líneas de las vías dispuestas en esos rumbos escondidos en los mares de cañaverales de los tres viajes semanales del coche motor, otro viajero como el gallito con un culito en el que metía adentro a la gente y trancaba con sus palitos, resolviendo trances con sus cargas, apuros, que ese día se estrello con el único colectivo que había en el pueblo para llevar personas de un lado a otro, otros gallito pelao otros fantasmas otras confusiones, que fueron los motivos de los gritos que comenzamos a escuchar justo cuando estuvimos adormecidos, justo cuando empezaron las corridas por la casa, de gente entrando y saliendo con las novedades que llegaban con cuentagotas, versiones que se confirmaban versiones que se modificaban versiones erróneas, que fueron disparando gritos de dolor llantos de consuelos lamentos, oraciones de algunas de las mujeres que resignadas eligieron rezar, hasta que llegaran las noticias finales de los que tuvieron la mala suerte de ir en ese colectivo que en el momento del accidente dijeron que llevaba setenta personas, en los viajes interminables del gallito pelao de ese día, interrumpidos por todos esos días no estuvimos.

Nos quedamos de este lado con ellas, en la casa donde había unas cuantas personas, pero las suficientes, como parientes, para entender que fue el peor accidente del pueblo, media docena de los cincuenta muertos eran parientes de las viejas que jugaban su canasta, por lo menos es lo que nos contaron, de la forma que pudieron Blanca y Eufemia, un viaje que llegó a sus finales en su momento, no como el viaje del gallito pelao que sigue viajando y le sigue dando resistencia a sus dificultades, sirviendo para que se duerman niños ávidos de relatos aunque sean incompletos. 

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