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Monday, January 27, 2014

finitos rima infinitos

Reducido, a ese mundo de nosotros tan pequeño en realidad tan grande en sueños, tan chico tan amplio, finito acotado a esos dos por tres metros el gallinero del fondo de nuestra casa fue un gallinero importante para una decena de ponedoras dos gallitos cumplidos y una docena de de pollitos amarillos ue como los patitos del cuento como esos patitos incluidos dos o tres patitos feos, pollitos escuálidos y desplumados, había en ese gallinero lleno de hitas de pulgas y de otros bichitos invisibles pero que cuando se pegaban chupaban la sangre dejando una ronchas rojizas que de tanto pasarle las uñas se infectban y convertían en unos granos grandes llenos de pus, un gallinero lleno de esos bichitos invisible y poderosos que Blanca y Eufemia nos tenían prohibido entrar, prohibición que nunca respetamos por lo que inexorablemente terminamos debajo de la ducha con las instrucciones precisas de asearnos y lavarnos y enjabonarnos lo suficiente como para qu el agua y el jabón los hicieran desaparecer de los escondites de nuestros cuerpos, pero aún con las restricciones nosotros mantuvimos por año entrar a ese rectángulos de alambrado romboide en momentos de descuidos de ellas a ver si las gallinas cluecas habían dejado sus huevos que no se hubieran caído en el desnivel que conducía hasta un canal que pasaba justo coincidiendo con una de las diagonales de ese corral, huevos que después pedimos en sus formas de huevos fritos de huevos duros de huevos pasados por agua a medida que ellas nos fueron inventando comidas, nos persiguieron implacables como para no llevarnos ninguno de los invisibles bichitos a la cama, infinitas fueron las somnolencias en las que entramos cada siesta cada noche de las que ellas no llevaron con sus mejores ganas de las manos y se quedaron de compañía hasta que fuimos tomando partida con los sueños profundos que trajeron infinitas las modorras de los ojos entrecerrados y con los pelos de punta sacándolas de quicios, infinitos los entumecimientos que ellas serviciales a masajes curaron, limitado fue el perímetro de ese gallinero que sirvió de reloj familiar por años, para saber las horas de las tardes de verano o de invierno y de las primeras horas del alba, que se enunciaban en los ostentosos cacareos que hicieron en cuanta oportunidad tuvieron las gallinas y sus gallitos en todos esos días, limitado en ese rectángulo de dos por tres, ilimitados infinitos así fueron como mucho y reiterados y repetidos los relatos de ellas, el cuento los cuentos de Blanca de Eufemia, sobre el gallito particular del cuento que encararon en esas noches pegajosas de los diciembre de pleno verano cuando entramos a los distintos mundos que ellas vivieron y nos transmitieron, esos días en que debimos ser muy duros para que el sueño nos venciera como ellas lo habrán esperado al final del día al final de los días.




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