Confundidos en esas vinculaciones
que confunden, apretados sin estarlo, con restos de tela para cortar después de
decir que no tenemos que se nos acabaron los rollos así fuimos transitando por
los infiernos de nuestra historia, escrita por nobles advenedizos que alguna
vez fueron pobres a medias porque fueron basura en sus madres patrias pero
vinieron por acá y se hicieron la América, nobles advenedizos cruzados con
pobres a medias que dimos pobres medio pelo o medio pelo de pobres viviendo en
nubes densas de pedos, así anduvimos hasta esos abrazos que no unieron después
de andar tan desunidos y desorientados, como andamos ahora mismo lejos de los
otros que se murieron no se sabe muy bien por quién pero que se inmolaron en la
plaza pública y que nos trajo algunos beneficios que invariablemente olvidamos
aturdidos en los elíxires de nuestras vanidades, atolondrados viajamos sin
brújulas ni bitácoras en un mar propiedad de un millar de vivos que viven
gracias al laburo de miles de millones de otarios que seguimos abrazados, cuando
vienen las legiones de laburantes cansados de sus tareas de los turnos y de los
sobre turnos a reivindicar no solamente sus derechos sino también los derechos
de algunos otros, cuando vienen esos que ponen la cara o andan de putas o
emborrachados y se mezclan demasiado en eso que algún maestro desvelado llamó
el crisol de razas pero que es una parte de nuestros rasgos de impresentables,
siempre hay un motivo de emociones que nos devuelven las alegrías y otras
emociones que nos devuelven las tristezas, cuando vienen esas multitudes donde
hay tantas mezclas particulares de culturas en cada uno de los cabecitas negras
o blancas o cajetillas que por allá los buscaron, a él a ese ministro de la
guerra y después a ella a esa mina con cojones que hizo todo lo que pudo para
que los que somos de medio pelo parezcamos más de lo que somos, nos acordamos, entonces,
de esos abrazos que quedan o que quedaron, inmortalizados en una imagen, en la
retinas de esos que vienen cuando vienen, en una foto en un dibujo, imágenes
impresas que después se mostrarán en galerías en pasajes y en los propios
domicilios, cuando vienen las legiones de esos giles que odiamos con las mismas
intensidades con las que amamos sin distinciones, nos olvidamos de aquellas
gestos heroicos y como si nada empezamos gestas propias de cobardes,
convertimos esos abrazos en cachetazos que nos damos a nosotros mismos, que nos propinamos por nuestra cuenta.

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