Cuando partió para el exilio el
general de los generales se fue repasando esos doce años muy intensos que pasó
por las tierras de la aldea con la consigna de lograr la independencia de
américa, lleno de gratitudes a mucha gente que como Rosita campusano o las
patricias mendocinas que de una manera o de otra habían puesto el hombro propio
para acompañarlo en sus planes que además eran planes de la logia que
integraba, pero también se fue cargado de ingratitudes por quienes le opusieron
diferentes resistencias aún con todo lo que fue haciendo por la formación de
una patria que el vio tenía más problemas para adentro que para afuera,
desolado se fue culpa de esa gente entre los que estaban algunos de los más
conspicuos miembros de la sociedad de la aldea, muchos de los cuales llegaron a
prometerle apoyos que nunca le llegaron especialmente cuando les hizo saber a
todas las autoridades después de haberse encontrado con Belgrano en la posta de
Yatasto que no sería un general de ejércitos en guerras civiles que no contaran
con él para los enconos entre familiares o amigos, así fue cuando volvió de San
Lorenzo en una de la media docena de veces que después resultaron de todos los
combates o los entreveros con los realistas, con ellos sí como fue en
Cachaducho en los primeros meses de mil ochocientos diecisiete como fue en
Maipú en marzo de mil ochocientos dieciocho, con el mismo peso de gratitudes en
ingratitudes partió para el exilio y no volvió nunca más.

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