Definitivamente fueron diferentes
o lo eran ya antes de Guayaquil definitivamente lo serían, con una excepción,
porque después de hablar tanto tiempo a puertas cerradas ni el venezolano
sanguíneo ni el gélido aldeano anduvieron desparramando información y
referencias, o la otra es que tuvieron y acordaron negocios que les cerraron a
cada uno y mandaron al carajo la causa de la independencia aunque la
independencia de América ya estaba funcionando sin ellos que de todas maneras
eran los dos generales más sobresalientes que entre otros andaban en estos
enseres, entre las tropas de gauchadas compadres y de indios tenían fama de
sanguinarios aunque fueran generosos y se preocuparan por las cuestiones
diarias de sus necesidades, los
milicianos de sus guardias anduvieron divulgando durante mucho tiempo
después que Don Simón tenía sus negocios con unos franceses exiliados de la
Luisiana que no estaban interesados en radicarse por allá después de la venta a
los gringos que compraban todo, y que por esos motivos no tuvieron problemas
cuando él les hablaba de sus sueños imperiales desde el Orinoco hasta el
estrecho de Magallanes, que se las habrá dicho al otro Don José que según
también los chismes de sus oficiales será fanáticos con esas cosas de la logia
y esas reuniones secretas y prepotente pero que tiene otra formación a la del
otro porque la única manera de gobierno que se le ocurre son la monarquías y
para esos se necesitan tipos de abolengo nobles con el mínimo linaje que además
quisieran darse unas vueltas, largas para sus vidas, por estos costas donde
nadie sabe muy bien los que quieren ni lo que quieren los otros y todos se
traicionan mutuamente en cuanto se imaginan un negocio o un negociado como si
estuvieran en un ferie de mercaderes no en la feria de nobles militares o de
vecinos decentes dedicados a los negocios y a las tareas hogareñas de estar en
los cabildos arreglando los asuntos de estos lugares por culpa que está
sembrado de cobardes no termina de encontrar su forma definitiva,
definitivamente fueron diferentes y lo siguieron siendo Don Simón frío por las
declaraciones de su inestable amante y calentón según sus leales milicianos que
terminó entrando al Perú después de Ayacucho, y Don José caliente según su
estable amante y calculador según sus desleales milicianos que terminó por las
europas después de haber armado por acá una sarta de líos.

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