Como el sol que sale en el este y
termina perdiéndose en el oeste más tarde que temprano porque es como que se
zambulle en el mar lejos de esas murallas de la cordillera que se cruzaron con
más de cinco mil hombres, como el sol que va del naciente al poniente partió el
general de los general esa mañana de abril a las laderas de Maipú a enfrentar a
los tenaces realistas que no terminan de convencerse que las horas de sus
atropellos se cumplieron que la independencias de las Américas es inminente,
como el sol que sale en el este y se pierde en el oeste, de la cordillera al
mar ese mismo mar que en unos día llevará a las costas peruanas para sumarse a Bolívar
el general va al frente de sus escuadrones, brillando más que los otros aunque
la tuberculosis y la fiebre a la noche lo destrocen más que si recibiera una
puñalada, allá va brillando para que su ejército brille, llevando las consignas
de su logia, las instrucciones de los masones, enemigos acérrimos de los necios
españoles, pide trompetas para animar a la tropa como otras veces la entretiene
con la retreta, van de laderos el brigadier Antonio González Balcarce, el
coronel en jefe de la reserva don Hilarión de la Quintana, el ayudante del
capitán general sargento mayor de caballería Mariano Escalada, el agregado al
Estado Mayor sargento mayor graduado de infantería Luciano Cuenca, el batallón
de artillería que lleva cuatro piezas gruesas.

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