Ella le trae las novedades que
recoge en intimidades con jefes de los realistas, lleva instrucciones va y
vuelve confirmando para el lado que juega en estos juegos de la libertad de la
independencia, cuando sintió las pequeñas manos de Rosita frotando su sexo en
su entrepierna inclinándose para hacer vaya a saber qué cosas quería hacer esa
niña o casi una niña al lado de él un hombre maduro parco y somnoliento, el
general de los generales casi se desmaya porque es de aliento corto con los
avatares de sus asmas y de sus fiebres por sus dolencias y de sus reumas más
todas estas cuestiones que van más para otras edades más juveniles, la guerra
de zapa es así, batallas reales con versiones ciertas o versiones cambiadas
secretos de alcobas o chismes recogidos en los saraos, aumentados en estos días
de intrigas y de batallas por las travesías en los mares y las alturas limeñas,
pero firme y consentido el macho con sus manos grandes como respondiendo comenzó
una larga caricia, en la nuca de la dama enredados sus dedos en la maraña de su
negra cabellera, que llegó al comienzo de unas nalgas protegidas por varios
pliegos de encajes de sedas y de percales, esa niña lo vuelve loco desde el
mismo momento que la vio en las primeras tertulias y descubrió además que es
una revolucionaria de primera por las mismas causas que lo traen desde la aldea
y de los andes, y ahora es el momento de estar abrazado a ella recostada en su
regazo, sin apuros por lo menos hasta el próximo amanecer, en estas condiciones
en el mullido sillón del carruaje ostentoso de seis caballos que es de sus uso
como protector de esa sociedad de chismosos, ahí en la ciudad de Los Reyes, en
el mismo lugar datado el quince de Julio de mil ochocientos veintiuno, en medio
de esas masturbaciones en pareja que lo vuelven loco el general repite la letra
de las actas que dicta para los cumplimientos de protocolos a sus ayudantes a
sus edecanes, reunidos en este Excelentísimo Ayuntamiento los señores que lo
componen, con el Excelentísimo e Inmaculadísimo Señor Arzobispo de esta santa
Iglesia Metropolitana, prelados de los conventos religiosos, ese convento que
cruzan camino a la alameda, y los títulos de Castilla y varios vecinos de esta
Capital, con el objeto de dar cumplimiento a lo prevenido en el oficio del
Excelentísimo Señor General en jefe del ejercito Libertador del Perú bajado ya
hace unos meses en la bahía de Paracas protector de Pisco y de Chincha, Don
José de San Martín, el día de ayer, cuyo tenor se ha leído, he impuesto de su
contenido reducido a que las personas de conocida probidad, luces y patriotismo
que habita en esta Capital, expresen si la opinión general se halla decidida
por la Independencia, cuyo voto le sirviese de norte al expresado señor General
para proceder a la jura de ella.

No comments:
Post a Comment