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Sunday, November 17, 2013

Intrigas rima excitaciones.


Ella le trae las novedades que recoge en intimidades con jefes de los realistas, lleva instrucciones va y vuelve confirmando para el lado que juega en estos juegos de la libertad de la independencia, cuando sintió las pequeñas manos de Rosita frotando su sexo en su entrepierna inclinándose para hacer vaya a saber qué cosas quería hacer esa niña o casi una niña al lado de él un hombre maduro parco y somnoliento, el general de los generales casi se desmaya porque es de aliento corto con los avatares de sus asmas y de sus fiebres por sus dolencias y de sus reumas más todas estas cuestiones que van más para otras edades más juveniles, la guerra de zapa es así, batallas reales con versiones ciertas o versiones cambiadas secretos de alcobas o chismes recogidos en los saraos, aumentados en estos días de intrigas y de batallas por las travesías en los mares y las alturas limeñas, pero firme y consentido el macho con sus manos grandes como respondiendo comenzó una larga caricia, en la nuca de la dama enredados sus dedos en la maraña de su negra cabellera, que llegó al comienzo de unas nalgas protegidas por varios pliegos de encajes de sedas y de percales, esa niña lo vuelve loco desde el mismo momento que la vio en las primeras tertulias y descubrió además que es una revolucionaria de primera por las mismas causas que lo traen desde la aldea y de los andes, y ahora es el momento de estar abrazado a ella recostada en su regazo, sin apuros por lo menos hasta el próximo amanecer, en estas condiciones en el mullido sillón del carruaje ostentoso de seis caballos que es de sus uso como protector de esa sociedad de chismosos, ahí en la ciudad de Los Reyes, en el mismo lugar datado el quince de Julio de mil ochocientos veintiuno, en medio de esas masturbaciones en pareja que lo vuelven loco el general repite la letra de las actas que dicta para los cumplimientos de protocolos a sus ayudantes a sus edecanes, reunidos en este Excelentísimo Ayuntamiento los señores que lo componen, con el Excelentísimo e Inmaculadísimo Señor Arzobispo de esta santa Iglesia Metropolitana, prelados de los conventos religiosos, ese convento que cruzan camino a la alameda, y los títulos de Castilla y varios vecinos de esta Capital, con el objeto de dar cumplimiento a lo prevenido en el oficio del Excelentísimo Señor General en jefe del ejercito Libertador del Perú bajado ya hace unos meses en la bahía de Paracas protector de Pisco y de Chincha, Don José de San Martín, el día de ayer, cuyo tenor se ha leído, he impuesto de su contenido reducido a que las personas de conocida probidad, luces y patriotismo que habita en esta Capital, expresen si la opinión general se halla decidida por la Independencia, cuyo voto le sirviese de norte al expresado señor General para proceder a la jura de ella.


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