Poner peor de lo que están o lo
que pueden estar o lo que deben estar los enemigos, poner mejor a los propios,
por trascendidos, haciendo correr versiones distintas para levantar los ánimos
para bajar los ánimos, para bajar los ánimos en las filas del ejército real
para subir los ánimos de la tropa del ejército unido, cuando el gobernador
realista en la aldea chilena del oeste le tiró por la cabeza el pliego con una
declaración de la independencia de los chilenos a Álvarez Condarco este se
sintió tranquilo, la misión que le había encargado el masón instalado en las
tierras mendocinas estaba totalmente cumplida, así que es que cuando lo mandó
escoltado por una docena de húsares reales por el paso de los patos a cuyo, el
oficial Álvarez Condarco general del ejercito unido de la aldea y de sus
alrededores hizo la otra parte de sus trabajo, la verdadera, la parte de la
encomienda del general de los generales, que era estudiar de memoria esa
geografía de ir dejando muescas y marcas y señuelos para informar
fehacientemente a su general los detalles primeros y últimos de los que fue
fijando en sus memoria porque tenía la orden, y haciendo en consecuencia que se
equivoquen los otros por la mala información por la inexactitud de esta o
porque estaba incompleta, también del general de los generales, de no registrar
ni en los más mínimo las imágenes y las referencias que sus ojos mandaban como
señales a su prodigioso cerebro, el general de la espada corva lo había instado
a no equivocarse sabiendo que no se equivoca en los detalles porque lo que él
dijera sería el camino que hicieran entre esos en medio de esos encerrones de
las montañas altas en las altas montañas en aquellas soledades de lodo y de barro
de los andes, por ahí andaría con más de cinco mil almas el doble de mulas y
otros tantos caballos, reses para comer por doscientos cuarenta mil kilos de
carne unos doscientos gramos por hombre que debían alcanzar para todos los días
de travesía más las papas y hortalizas más unos kilos de tasajo, como dos pieza
de artillería por cada hombre de los que fueran fusiles o carabinas metrallas y
granadas, y vino mucho vino mendocino para tener contenta la tropa para que se
olvide por un momento de la familia de la guerra de las pestes que matan más
que los tiros de los fusiles, cuando volvió por los patos el oficial Álvarez
Condarco general del ejercito unido traía las postas que después confirmarían
los baqueanos para engañar a los odiados miembros del ejército real chileno,
cuando el gobernador realista en la aldea chilena del oeste le tiró por la
cabeza el pliego con una declaración de la independencia de los chilenos a
Álvarez Condarco esa parte de la famosa guerra del zapa del general de los
generales estaba cumplida él lo consiguió alterarle los nervios normales a esos
gringos que no terminan de entender que los negocios como los vienen haciendo
llegaron a sus finales, que si el general hace que digan blanco es porque es
negro en realidad o blanco si se piensa que se piense en negro por haber dicho
blanco que si el dice que atacará por la retaguardia es la vanguardia opero que
también puede ser por los laterales, así se ve que lo aprendió en la logia así
lo practica como este viejo plan de llegar a tierras peruanas que también es de
un oficial de los ingleses que frecuentan la logia del general de los generales
que maneras eso como si estaría manejando su sable corvo, cuando el jefe
realista le gritaba que le diga a su general que se meta el pliego allá donde
sabe Álvarez Condarco supo que su misión estaba más que doblemente cumplida
como la misión de la queridísima del general doña Rosa Campusano, con la ayuda
del director Pueyrredón del que tenía una carta siempre con los papeles de los
mapas dibujados de Álvarez Condarco, donde el otro le decía que van los
doscientos sables de repuesto que me pidió, que van las doscientas tiendas de
campaña, y no hay más, a el mundo y va el demonio y va la carne, y yo no sé
cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, a bien que, en
quebranto me voy yo también para que usted me dé algo del charqui que le mando,
y ¡carajo!, no me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir la noticia de
que he amanecido ahorcado en un tirante de la Fortaleza le dijo.

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