Como si fuera un niño ha jugado
toda la tarde ese Carlos Robert, en el paseo de Julio ese que mando diseñar el
viejo virrey Vértiz hace unos pocos años el legado más importante antes que se
armaran los líos de mayo del diez, como si fuera un niño ha jugado en la playa
del río de aguas marrones que a la altura de la aldea se abren como si
empujaran para llegar al océano, allá entre las pérgolas y los cítricos con
frutos este francés más adolescente que caballero hecho y derecho, ha
correteado y se ha revolcado en la arena toda la tarde jugando a la mancha con
dos meretrices que la noche anterior alquiló con todo pago en el cabaret de Don
Ramón un compatriota que viene juntando la plata que él no tiene dando comida y
pensión a cuanto peregrino pasa por calles cercanas, como si fuera un niño ha
jugado toda la tarde con la prostitutas que entregan y mucho después de los
desvelos de la noche anterior, en la que además de alquilar a las solícitas
damas calentonas, anduvo de intrigas con el general Carreras complotando contra O’Higgins San Martín y todos los demás que
trabajan para ellos y para los ingleses que no aparecen pero están allá donde
los majaderos de los españoles van dejando marcas y señuelos de los tesoros que
los demás les quitan y con eso levantan fábricas y prestan para sembrar y
cosechar en los campos inventan industrias en las ciudades que crecen, como si
fuera un niño ha jugado toda la tarde ese Carlos Robert que no tiene alma de
niño sino de un parisino sañoso que levanta a sus compañeros algunos oficiales
del ejército de los Andes, la ambición lo mata
la codicia dos de las cosas por las que es diferente de su inseparables
Lagresse.

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