Las sombras de la conciencia de
la mala conciencia deambulan por las noches oscuras aunque a él de a ratos se
le iluminen como si fueran docenas de antorchas que se encienden cuando se
olvida de dónde se va haciendo su fortuna, las sombras de la conciencia de la
conciencia de las maldades le rondan en los sueños a Robert, y de pronto todo
se le aclara se le vuelven más claras las indicaciones oscuras del general
Carreras ese chileno mal gestado que vive en la aldea y lo ha contratado, a él
y a todos los franceses que piense como él y le ha dado instrucciones de cómo
atentarán contra el director Pueyrredón contra San Marín y contra todos esos
que le están haciendo el caldo gordo a los ingleses, las partes claras de la
conciencia de la buena conciencia de la conciencia de las buenas obras se
cruzan también en sus sueños tiene pesadillas descansa después de un día
agitado confabulando en el paseo de Julio, allá en la costa del río de la plata
donde van con Lagresse a pasear cada vez que le tiene que dar instrucciones,
las luces de su conciencia mientras transcurren sus sueños se le estarán
mezclando con las sombras de sus pensamientos inconfesables, qué tendrá que
andar haciendo un oficial del corso por acá enredado en los asuntos internos de
estas aldeas que no terminan de independizarse de las Europas, las sombras son
peores que las claridades Robert es más malo que bueno, habrá dicho su
compañeros tal vez las causas sean buenas pero la forma de conseguirlas son
malas, los correos han traído las noticias que el general de los andes es un
empleado del imperio y que el director supremo ha dicho que le interesan poco
las cuestiones de las provincias desunidas del sur, pero eso no es para andar
clavando puñaladas por la espalda más si se es un extranjero ayudando a otros
extranjeros.

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