La noche
anterior a Acosta Ñu en ese agosto que se notó pegajoso en el aire de los
alrededores de los pantanales y las aguadas cercanas a los campamentos
paraguayos y también a los campamentos de esos traicioneros de la famosa
alianza, las madres vivieron sus vigilias con lutos y la compulsión de tener la
seguridad que sus niños apenas saliendo de sus infancias de esos días de
inocencia pura de esos días de libertades verdaderas de esos días de
dependencias de destetes definitivos, serían carne de los cañones de la patria
del mariscal, para eso están las reservas de héroes que tienen los terruños
habrá aleccionado uno de los oficiales a media tarde como para que ellas
estuvieran dolidas como si ya no los tuvieran simplemente con el presentimiento
que al día siguiente a la misma hora sus niños ya no estarán, obligados a
entrar en el campo de batalla a defender la patria cuando todavía se mean
cuando duermen, ellas silenciosas vivieron sus angustias sus penas sus
impotencias para hacer algo con los borrachos y locos que se mantienen leales
al mariscal, esos mismo que todavía de quitarles a sus críos las persiguen de
noche para agarrarlas si en la guerra está todo permitido o casi todo, la noche
anterior a Acosta Ñu en ese agosto que se notó pegajoso en el aire de los
alrededores de los pantanales y las aguadas cercanas a los campamentos los
oficiales brasileño algunos uruguayos y de la aldea gastaron sus últimas
pólvoras en chimangos repartiendo porciones generosas de aguardiente entre la tropa
que al otro día como vanguardia saldría al frente para aplastar al ejército del
loco de Solano López, ellos también vivieron sus vigilias a sus maneras hubo
que terminarle de meter en la cabeza a esa manga de brutos e indecentes que si
se daban con niños en los combates supieran bien que antes que niños
representaban enemigos, y que por lo tanto se merecían el degüello, ellos
hicieron sus vigilias a sus maneras rociando con aguardientes las conciencias
de esos infelices que sanos hubieran visto en las cara de los niños las caras
de sus propias guaguas.

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