Por allá fueron armando un
quilombo todos los que se fueron amontonando en las laderas de las lomadas que
como un cinturón cerraban un círculo en esa parte del chaco gualalmbo, de a
poco se fueron organizando después de haber abandonado las filas de sus
ejércitos con nada en las manos ni siquiera las armas que dejaron tiradas en el
camino para que no tuvieran los que quisieran ningún motivo para seguirlos, de
los que fueron llegando para establecerse con los indios sin mezclarse
demasiado porque ni los unos ni los otros ellos mismos tenían la confianza
necesaria aunque los unía el drama de la misma guerra, de la misma revulsión de
la guerra larga porque si cansaban las jornadas de combate qué no iban a
cansarse con las guerras que se extienden por meses y años, un grupo de
oficiales o soldados y de civiles también que venían por la información que les
habrán pasado los que sabían adónde se encontraban, todos venían con sus
intrigas que contaban en las noches en las fogatas tratando de olvidar con eso
sus condiciones de fugitivos diferentes venidos de patrias diferentes pero
hermanadas algunas veces en estas cosas de los exilios de desertar de los
ejércitos y vivir al margen de las leyes, brasileños paraguayos uruguayos y de
la aldea, todos contaban sus cuentos con sus recuerdos a mano y sus frondosas imaginaciones,
todos esos que no sabrían lo que querían pero sí lo que no querían, seguir
obedeciendo las instrucciones de generales locos que ordenaban enfrentamientos
que dejaban muertos aunque fueran menos de los que se morían de tifus o de
cólera, todos contaban algunos conocían las hazañas de la mariscala Elisa y
decían haber estado con ella en sus vigilias de heridos y relataban las
predisposiciones de esa mujer para atenderlos en sus mugres e infecciones no
como la otra mujer del mariscal la Juanita Pesoa a la que ni siquiera conocían,
otros contaban de haber estado cuando los aliados terminaron con dos chatas
porta cañones de última generación comparadas directamente en los astilleros
ingleses por pedido del mariscal, poco después de cuando ellos acertaron con
unos tiros de primera al Tamandaré y creyeron que con eso era suficiente y los
otros se enloquecieron y mandaron descargas pesadas que al final después de
tires y aflojes les terminaron hundiendo las dos chatas y persiguiéndolos por
las espesura del monte, de hermanos que por esos estaban en las
clandestinidades evitando las peleas de los políticos.

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