Un infierno fue Acosta Ñú allá en
Barrero Grande, de gritos de aullidos de llantos y lloriqueos de ruegos de
maldiciones de blasfemias en todas las direcciones de un viento que no corre
que seguro que correrá más tarde porque es agosto y es la mitad de agosto
después de cuatro años y más de la guerra más absurda de todas la guerras
conocidas, las voces se escuchan junto al ruido de los disparos de los cañones
de las instrucciones de subordinados dando instrucciones de ataques de
retrocesos, en ese despliegue de montes con hojarasca en Campo Grande al mando
del general Caballero el tenaz general Caballero que resistió aprovechando las
márgenes del río Yquerí donde las tropas paraguayas tuvieron como ocho cañones
que no sirvieron de nada, al mando de seis mil hombres los oficiales nunca
terminaron de informarle que disimulados en medio de tantos hombres apestosos y
mugrientos en la resistencia más de un millar de púberes recién destetados
asombrados asisten al infierno a este infierno a los infiernos que apenas
comenzaron, enceguecidos esos infantes que no toman conciencia con el hambre
las suciedades las maldades, acometen y lloran corren como si estuvieran
jugando este juego donde la prenda es el degüello que procede de hombres
mayores de fuerzas regulares que no querrán hacerlo pero lo hacen porque
reciben instrucciones, esa acometida fue un infierno que se encendió como a la
ocho de una mañana calorosa con el sol despuntando y descubriendo los cuerpos y
las sombras de los cuerpos de un montón de soldados de la alianza, expectantes
temerosos cansados, hombres hechos y derechos al lado de los infantes
defendiendo al mariscal de los mariscales de campo, las madres escondidas en
las arboledas esperando los lentos despliegues de esos invasores, temiendo por
sus niños obligados a enfundarse uniformes holgados y sosteniendo bayonetas y
carabinas apenas en sus frágiles bracitos de los que no tiene ni idea el
general Caballero porque los oficiales eligen informar lo que se les da las
ganas o lo que creen que tienen que informar para que el brigadier no los
sancione, los oficiales informan lo que él quiere escuchar nunca lo que ellos
piensan un oficial no piensa ni sugiere un oficial obedece, un infierno fue de
idas y venidas cruzando el río para evitar los ataques de la caballería por la
retaguardia esa retaguardia a la que al final llegaron aunque lo paraguayos
resistieron repartidos en cuadrados y rectángulos cerrados para degollar
enemigos, un infierno muchos infiernos de contactos de roces de combates que
terminaron después de unas diez horas,
un infierno que se encendió como a la ocho de una mañana calorosa junto
con las hojas amontonadas por el viento que ardieron cuando a alguno se le
ocurrió prenderla con la brea para aprovechar el humo y esconderse de esos
insistentes brasileños que al mediodía comenzaron con sus avances de infantería
y de artillería, un infierno varios infiernos después de Asunción acorralando
al Solano López que se resiste y arrastra a madres a niños y otros parientes
detrás de las desmanteladas fuerzas que lo protegen.

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