Nunca una con otra siempre una
contra la otra después de muchos años cuando la mariscala le terminó de contar
a Eduvigis de Juanita esta le dijo que eso le pasa por andar metiéndose con
gente que no tiene la misma educación con indias que nunca salieron de la
Américas así que no conocen como ellas de las tertulias en las tullerías en las
tierras de las viejas tejerías recuperadas por los monarcas para sus
residencias, qué sabrán de todas estas cosas finas putas como la Juanita o las
americanas que a lo mejor sabrán tener habilidades en la cama y por eso los
hombres como el mariscal las habrán tenido, a la vista del ejército del
emperador como anduvieron ellas cuando fueron mozas, Pesoa era el apellido de
la hembra oficial que el mariscal tenía en las tierras paraguayas cuando Elisa
puso sus pies sobre esas playas venía de un largo periplo en las calles
parisinas de dar que hablar de su suerte diversa, con sus elegantes zapatos de
diseñadores conocidos y su gracia veinteañera y desde que vio la forma en que
el general las trataba a ella y a la otras y algunas más de las que aparecían
esporádicamente, se acordó de sus antigua compañera del hospicio la supina
Eduvigis con la cuela nunca perdió contacto a pesar de estar separadas por
mucho tiempo, la rivalidad que tuvo con la señora legítima de Solano López la
retrotraía frecuentemente a las largas camaraderías que tuvo con su amiga de la
infancia, primero en todo el tiempo del días triste y solitarios en el hospicio
y en todo el tiempo que ella anduvo por Argelia coronando con cuernos las
voluntad solícita de sus marido francés, y después con todo el drama que
desencadenó con el duelo entre dos de sus amantes despechados que la hicieron que
recalara en las calles de la ciudad con el oficio más viejo del mundo confinada
en una casa de citas, Pesoa era el apellido de la rival pero a poco de andar
por las filas del valeroso ejército paraguayo
Elisa comenzó a ser querida por el pueblo y odiada por los nobles del
pueblo, primero por las largas veladas en el Nacional donde intercambiaban
chismes o comentarios de libros leídos con algunas señoras de la sociedad
mientras los hombres se entretenían con el ajedrez, fumando y tomando
aguardiente, después por sus participaciones valerosas en las escaramuzas que
por año se dieron en la guerra de la triple alianza.

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