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Monday, September 02, 2013

Eduvigis rima Juanita.


Nunca una con otra siempre una contra la otra después de muchos años cuando la mariscala le terminó de contar a Eduvigis de Juanita esta le dijo que eso le pasa por andar metiéndose con gente que no tiene la misma educación con indias que nunca salieron de la Américas así que no conocen como ellas de las tertulias en las tullerías en las tierras de las viejas tejerías recuperadas por los monarcas para sus residencias, qué sabrán de todas estas cosas finas putas como la Juanita o las americanas que a lo mejor sabrán tener habilidades en la cama y por eso los hombres como el mariscal las habrán tenido, a la vista del ejército del emperador como anduvieron ellas cuando fueron mozas, Pesoa era el apellido de la hembra oficial que el mariscal tenía en las tierras paraguayas cuando Elisa puso sus pies sobre esas playas venía de un largo periplo en las calles parisinas de dar que hablar de su suerte diversa, con sus elegantes zapatos de diseñadores conocidos y su gracia veinteañera y desde que vio la forma en que el general las trataba a ella y a la otras y algunas más de las que aparecían esporádicamente, se acordó de sus antigua compañera del hospicio la supina Eduvigis con la cuela nunca perdió contacto a pesar de estar separadas por mucho tiempo, la rivalidad que tuvo con la señora legítima de Solano López la retrotraía frecuentemente a las largas camaraderías que tuvo con su amiga de la infancia, primero en todo el tiempo del días triste y solitarios en el hospicio y en todo el tiempo que ella anduvo por Argelia coronando con cuernos las voluntad solícita de sus marido francés, y después con todo el drama que desencadenó con el duelo entre dos de sus amantes despechados que la hicieron que recalara en las calles de la ciudad con el oficio más viejo del mundo confinada en una casa de citas, Pesoa era el apellido de la rival pero a poco de andar por las filas del valeroso ejército paraguayo  Elisa comenzó a ser querida por el pueblo y odiada por los nobles del pueblo, primero por las largas veladas en el Nacional donde intercambiaban chismes o comentarios de libros leídos con algunas señoras de la sociedad mientras los hombres se entretenían con el ajedrez, fumando y tomando aguardiente, después por sus participaciones valerosas en las escaramuzas que por año se dieron en la guerra de la triple alianza.



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