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Sunday, September 01, 2013

Triunfos rima derrotas.



Acorralado en Humaitá si se acordará el brigadier de los días previos a que empezara todo de ese veintiséis de diciembre del sesenta y cuatro, por allá cuando poderosos ganaba con dar órdenes solamente a sus oficiales arteros como el mariscal Estigarribia, de esos días cuando el coronel don Vicente Barrios mandó ocupar las posiciones más convenientes en esa fortificación del imperio para sus operaciones, sobre el fuerte de Coímbra, primera fortificación brasileña sobre el Alto Paraguay que habrán andado haciendo por allá esos resistentes soldados abajo de la desembocadura del Mbotetey, allá donde los tres mil paraguayos armados con doce cañones rayados una batería de treinta foguetes franceses de veinticuatro mm protegidos por diez embarcaciones de guerra se enfrentaron a los brasileros que tenían once piezas de bronce de alma lisa en batería de latones que destruían lo que rozaban, y otras veinte sin reparos más de cien oficiales y soldados de artillería a pie casi nada comparado con las fuerzas del mariscal, reforzados por cerca de treinta guardias nacionales, media docena de prisioneros y dos decenas de indios mansos, cuando los brasileños abandonaron el fuerte y fugaron en el vapor Anhambaí de que disponían, que luego ahorita nomás sería capturado, que no se acordará de los tiempo cuando ganaron todas las batallas cuando nada hacía presagiar capitulaciones ni rendiciones.



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