Camadas de paraguayos que fueron
después del primer desembarco de los conquistadores generaciones de patricios
que se fueron haciendo con los años y las organizaciones ascendientes, de la
sociedad o de la parte del pueblo donde están los que no son decentes, las
damas lo mismo tienen ganas de lo mismo aunque tengan diferencias entre ellas
después de muchas contenciones explotan de las ganas y agarran lo que tienen a
mano, ahora especialmente que la guerra se hace larga y que no vuelven sus
maridos que a carradas son levados y destinados a Humaitá o a Villa Rica o a la
defensa de Asunción que son lugares por donde el mariscal está convencido que
controla que no se le metan los que lo mismo se le meten y van tomando y
ocupando las ciudades y los pueblos y los lugares en las camas al lado de las
damas esos lugares que dejaron vacios los ausentes y donde al final después de
tantas contorsiones se fabrican las descendencias, y entonces el mariscal y la
mariscala doña Elisa van perdiendo también en esa guerra que no se controla ni
con los oficiales estrategas que ganan batallas contra las fuerzas del imperio
ni con las riquezas que se van salvando de las garras de esos zánganos que se
apropian de todo lo que es de los paraguayos, las damas lo mismo tienen ganas
de lo mismo y ellos ya saben que eso mismo va a dejar us secuelas por muchos
años en cruzas de paraguayos con brasileños de paraguayos con uruguayos de
uruguayo justados con damas de la estirpe de la aldea, mezclas que en unos años
restará pureza a las razas afincadas y de alcurnia y populares, como si fueran
guerras silenciosas y además placenteras porque por mucho que se resistan a las
damas les gusta lo que les hacen los soldados que acampan en los alrededores
que las acosan cuando pasan varias para el río a lavar o a bañarse cuando hacen
los mandados para proveer de provisiones a los hogares, estrecheces de la
guerra, el mariscal se desilusiona junto a la mariscala, nunca pensó en este
tipo de guerras.

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