Las acciones militares esas que
se llevan adelante con valor y bolas en los propios campos de operaciones que
no son las maquetas que los oficiales estrategas arman con pilas de arena y
soldaditos de plomo y palitos recortados en los que copian a escala
fortificaciones o campamentos, para explicarle lo que el mariscal Solano López
no quiere ni oír hablar, y menos su excelentísima consorte doña Elisa, que no
estará todo el tiempo con ellos porque viven de conflictos desde que empezó la
guerra, pero se da tiempo para andar de vez en cuando, esos mismos coroneles y
capitanes que con paciencia se toman todo el tiempo para explicarle primero a
él o en su defecto a ella, que no entiende o no quiere entender porque ya lo
conocen bien a él, que les repita una y otra vez que no le traigan las malas
noticias como los saqueos en Asunción o los combates que se perdieron en
Humaitá, a él tienen que venir a recordarle gestas como la de la campaña del
mato grosso allá donde los aplastaron a esos aliados de los ingleses
traicioneros a las causas de la región a las causas de la hidrovías para sacar
las producciones a mar abierto esos mismos que perdieron por negocios propios
negocios para toda la gente, como esos de la aldea por culpa de los planes de
los masones como el que cruzó la cordillera, negocios con el tabaco con la
madera y la yerba, que se venden bien en cualquier puerto del mundo, las
acciones militares no son igual a las versiones de las acciones, la mitad de
los combates o las agarradas son puros discursos parlamentos en los que
circulan intrigas trascendidos ordenes mayores o menores, y la otras mitad son
tiros y puñaladas o palos que se reparten a cualquiera dejando el tendal de
heridos que luego recogen las mujeres que andan por detrás rogando por sus
guaguas que se acuerden que no tienen porqué mandar al frente a los niños si
ellos son una bosta los niños no lo son y son el futuro de la nación.

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