Siempre remando contra la
corriente recuerda y sonríe Elisa mientras se acomoda para que su compañero se
acomode más todavía ya que las disfruta, sus años de infancia cuando su padre
se iba con todos sus hermanos y se internaban en los montes cercanos con la
intención de cazar y pescar especialmente pescar porque su manía era justamente
enseñarles a sus párvulos a defenderse como capitanes de las embarcaciones que
fueran, a remar contra la corriente les decía y ella fue sus alumna eximia,
como el día y la noche como remar contra la corriente como el blanco y el negro
eran los extremos de su vida que era eso su vida es eso y ella está conforme
con eso, recordaba y sonreía disfrutando mientras en general la fornicaba en
las medias mañanas un poco antes de los almuerzos en campaña en plena guerra
con la triple alianza disfrutando las brutalidades del mariscal que empleaba
todas su fuerzas para despejar los caminos saturados de sedas de encajes y de
elásticos ensortijados a propósito de marcar las líneas de sus caderas y
reafirmarle el busto, mientras la fornicaba apenas inclinado sobre los tablones
de instrucciones donde él les daba instrucciones militares a sus oficiales, y
todas esas cosas que a la mariscala le interesaban más que otra, le encantaban
las fornicaciones en los momentos más
álgidos y no en las noches de calma, más a las cinco de la tarde cuando los
oficiales entraban y salían con las instrucciones de avanzar contra los
brasileños o contra los soldados de Mitre, cuando en medio de esos arranque
debían suspender los minutos que él se distraía con las cuestiones de la guerra
haciendo que no le molestaba, más que a las horas que no eligen otros que a las
dos de la mañana cuando por lo general todos entraban en somnolencias los
cobardes de la alianza los osados guerreros paraguayos, a la altura de Corá
Corá más niños que adultos que eso también excitaba a la mariscala imaginando a
los niños jugando en los momentos de tregua en cuclillas en los bordes de las
carpas imaginando las procedencias de los quejidos de ella pidiéndole al
mariscal que la volviera a hacer suya y que se la pusiera donde ella quería,
siempre remando contra la corriente la mariscala consorte del brigadier torcido
que no quiere aflojarle a ese rejuntado de vendidos que negociaron con los
ingleses por la cuenca del plata como lo vienen haciendo desde que no andan por
estas costas los españoles.

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