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Saturday, August 03, 2013

Día rima noche.


Siempre remando contra la corriente recuerda y sonríe Elisa mientras se acomoda para que su compañero se acomode más todavía ya que las disfruta, sus años de infancia cuando su padre se iba con todos sus hermanos y se internaban en los montes cercanos con la intención de cazar y pescar especialmente pescar porque su manía era justamente enseñarles a sus párvulos a defenderse como capitanes de las embarcaciones que fueran, a remar contra la corriente les decía y ella fue sus alumna eximia, como el día y la noche como remar contra la corriente como el blanco y el negro eran los extremos de su vida que era eso su vida es eso y ella está conforme con eso, recordaba y sonreía disfrutando mientras en general la fornicaba en las medias mañanas un poco antes de los almuerzos en campaña en plena guerra con la triple alianza disfrutando las brutalidades del mariscal que empleaba todas su fuerzas para despejar los caminos saturados de sedas de encajes y de elásticos ensortijados a propósito de marcar las líneas de sus caderas y reafirmarle el busto, mientras la fornicaba apenas inclinado sobre los tablones de instrucciones donde él les daba instrucciones militares a sus oficiales, y todas esas cosas que a la mariscala le interesaban más que otra, le encantaban las fornicaciones en los  momentos más álgidos y no en las noches de calma, más a las cinco de la tarde cuando los oficiales entraban y salían con las instrucciones de avanzar contra los brasileños o contra los soldados de Mitre, cuando en medio de esos arranque debían suspender los minutos que él se distraía con las cuestiones de la guerra haciendo que no le molestaba, más que a las horas que no eligen otros que a las dos de la mañana cuando por lo general todos entraban en somnolencias los cobardes de la alianza los osados guerreros paraguayos, a la altura de Corá Corá más niños que adultos que eso también excitaba a la mariscala imaginando a los niños jugando en los momentos de tregua en cuclillas en los bordes de las carpas imaginando las procedencias de los quejidos de ella pidiéndole al mariscal que la volviera a hacer suya y que se la pusiera donde ella quería, siempre remando contra la corriente la mariscala consorte del brigadier torcido que no quiere aflojarle a ese rejuntado de vendidos que negociaron con los ingleses por la cuenca del plata como lo vienen haciendo desde que no andan por estas costas los españoles. 


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