A Elisa no le importan los
chismes del serpentario de Asunción ella hace lo que el corazón le marca, va
pelea pone el pecho levanta las banderas anda blandiendo los estandartes en las
vanguardias, los chismosos podrán decir lo que se les ocurra pero ella ama a su
marido más de lo que creen todos los enemigos en la ciudad los de la alta
sociedad y en los campos de batalla los soldados y los oficiales que son más
lenguaraces que muchas de las lloronas y chismosas más respetables, la podrán
criticar en los salones en el interior de las carpas de campaña a campo
traviesa, ella va por donde anda el otro y por lo que dicen los pregones a
veces lo ayuda a dar las ordenes de ataque o de repliegue, se mete en los
combates se ensucia se arremanga sus camisas y no le tiene miedo a las lanzas o
a los disparos ella también lucha y de cuando en cuando ha hecho justicia con
mano propia, a Elisa no le importan todos esos cuentos porque por cada uno de
los que hablan mal de ella tiene el doble de personas que la quieren porque
ella atiende a los soldados heridos y moribundos y ha intercedido con el
brigadier mariscal en muchas de sus ordenes de ejecución.

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