Es muy larga la guerra entonces
la vida en el campamento se mezcla con la vida en común en cuenta de
proveedores hay repartidores de víveres de lo que hay de los que va quedando de
lo que se va consumiendo, a los soldados no les interesa nada si son destinadas
con que tengan polleras y enaguas es suficiente, si son gordas y rollizas o
flacas, si son panzonas o no, en los montes cercados en donde tipo campamento
concentran a las mujeres por un tiempo hasta que llegan las instrucciones de
los jueces de paz que firman cualquier cosa lo que les ponen a la firma
emborrachados en bodegones de Asunción, unas veces para los de la triple alianza
otras veces para el propio mariscal que si se entera de lo que hacen esos
magistrados los manda al cadalso porque no se puede estar bien con dios y con
el diablo, a los soldados no les interesa si son residentas, si se quedaron a
defender el patrimonio de los paraguayos cerca de sus casas cerca de sus hijos
si lo defienden a capa o espada o si apenas lo defienden oponiendo pocas
resistencias, a lo soldados no les interesa si ellos miran lo que tienen que
mirar y las siguen con sus miradas obnubilados por sus gráciles caderas y sus
pechos apretados por corsés que van quedando fuera de la moda, a los soldados
no les interesa si son patriotas o pecaron de traición a la patria o si pecaron
los maridos que por suerte se encuentran lejos y entonces ellos pueden mirar
tranquilas y calentarlas con las miradas hay muchas de ellas que con esos ya se
ponen querendonas y como que piden lo que ellos tienen lo que ellos les quieren
dar, ellos las siguen con sus miradas las hacen sentir que las miran para que
las otras sientan lo que hacen con sus lances porque es como estar en el campo
de batallas peleando por algo puras lanzadas.

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