Después de Pehuajó donde mataron
a lonjazos a varios campesinos y policianos desleales de altas alcurnias
provenientes de los grupos indecentes de las orillas de las ciudades
distinguidas, que terminaron desangrados, después de Piribebuy donde murieron
cientos de docenas de niños seguidos de cerca por sus madres aguerridas y
valientes desesperadas madres guerreras de un día para otro sin avisos previos,
después de Tuyutí y de Ytororó después de las largas jornadas de Humaitá
después de Villa Rica y las muestras con botones que sobran de muestras que
lentamente se va perdiendo eso que algunos siguen llamando la guerra por unas
cuestiones de tamaños de unos contra otros, en el campamento de Espadín donde
resisten los paraguayos de los embates de los brasileños con los otros
traicioneros de los uruguayos y los de la aldea, los brutos de los soldados y
los brutos de los oficiales que también se meten en los mismos líos, no
distinguen las categorías de la damas que tienen cautivas si ellas son de
abolengo si ellas tienen sus linajes o no los tienen y son criadas comunes
sirvientas, damas de compañías, ahí no les importa y entran dentro de la
categoría del género con un par de tetas y buenas caderas o piernas o
predisposiciones, de ellos y ellas que están por ahí en esas playas asquerosas
donde se levantan las carpas las chozas en las bajadas al río, por ahí en esas
aguas dulces inmundas de las playas las musas se higienizan como pueden y
controlan sus mugres y bajezas y algunas de ellas los menesteres lejos de sus
menarquías, controlan sus sangrados cagan y se alimentan con lo que siembran
con lo que ellas mismas cosechan controladas por los mismos solados y oficiales
que las controlan las destinadas penan sus destinos sin porvenires a la espera
de los partes de los jueces de Asunción que a veces son documentos fraguados
por ordenes anónimas que después todos salen a decir que fueron del mariscal o
de su consorte la mariscala, para ajusticiarlas u obligarlas a que se alimenten
con carroña con los animales que se mueren antes que se descompongan que para
eso son más sanguinarios los hombres que los descarnan y los trocean y ponen en
las ollas los pedazos para hacer los guisos los estofados y de vez en cuando
los pucheros, que después comen todos en Espadín ese campamento de rejuntados
en esta guerra que es larga y que dura como las penitencias que dan los curas
cuando los pecadores son muy pecadores.

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