No hay estandartes ni marchas que
toquen los trompetas y los tambores de las fuerzas en cuenta de las fuerzas que
sacan las propias fuerzas defendiendo sus banderas, por más que fueron cinco
veces más que ellos, por más que fueron cinco mil los otros y ellos apenas mil,
sumas que suman seis mil caballos pastando y bebiendo en las inmediaciones de
los estuarios y los pantanos cercanos, los paraguayos ganaron perdiendo en la
laguna hermosa la noche de Tatayibá en los días en los que anduvieron haciendo
las defensas por Humaitá, los combates se fueron extendiendo sin cesar en el
tiempo, no hay diplomacias ni armisticios que se firmen por los que puedan
esperar que la inútil guerra se termine, al contrario los días que pasan son
días de enfrentamientos peores, ganaron perdiendo desmantelaron la caballería
de los otros con su propia caballería en un combate de sombras más que en un
combate de hombres, como si fuera un teatro de sombras chinescas en unas
escaramuzas que fueron choques de sombras de caballos babeándose y resoplando,
que de sombras de hombres gritando loas consignas de la patria, ganaron
perdiendo por las mismas razones que las fuerzas de Caxias perdieron ganando en
docenas de fogonazos que fueron y de puntadas de puntas de bayonetas puntudas
brillando con los reflejos de la luna, por eso el mariscal Solano López sin
muchos protocolos condecoró al coronel Caballero y a su leal sargento don
Bernardino Castillo, y lo nombró igual que al otro valeroso combatiente de ese
entrevero en el que quedaron unos quinientos compatriotas desangrados en el
campo de batalla y unos doscientos de los soldados enemigos, perdieron pero
ganaron.

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